Tres Tizas

6 mayo , 2015

No tengo nada que contar

Filed under: Blog — Etiquetas: — Carlos Diez @ 8:00 am

bodamarunato

Antes de nada, felicitar a nuestros amigos Marcos y Maru por su reciente boda. ¡Felicidades!

Agradecer también a todos los que habéis mostrado vuestros Quijotes en un selfi. ¡Gracias!

Por mi parte, no tengo casi nada más que contar. Siento haberos hecho perder ese segundo que empleáis en hacer clic. Estoy congelado, como los salarios y como Disney. Puede que en el futuro os cuente algo de lo que están haciendo mis alumnos de la optativa de teatro o los del taller de cuentos. O de mis avances en la escuela de idiomas (¡estoy empezando a aprender inglés!) o de mis sesiones del Master a futuros profesores. Puede. Pero ahora mismo no tengo tiempo ni ganas. En mis ratos libres, en lugar de redactar entradas para el blog, me ha dado por andar, por leer -os podría hablar de lo último de Kundera y Marías, Javier y Fernando-, o por escribir. Para los que han llegado hasta aquí, si queréis, podéis leer el comienzo del relato que estoy escribiendo, aunque no os lo recomiendo, pues seguramente vosotros tendréis, como yo, poco tiempo libre. Y si apreciáis mis recomendaciones, leed este maravilloso relato de Canciones de amor y de lluvia, el último libro de Sergi Pamies, ¡sublime!

Carlos Díez

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22 marzo , 2010

En 45 palabras

Filed under: La digestión de la boa, PRL — Etiquetas: , , , , — Marcos Cadenato @ 9:00 am

Hace un par de meses hojeando una revista dominical, me encontré una interesante reseña bibliográfica: 90 clásicos de la Literatura para gente con prisas, de Henrik Lange en Ediciones B.

Fui a un par de librerías en Bilbao y, tras encargarlo, a los pocos días lo tenía en mis manos. Es un pequeño libro en cuya contraportada puede leerse: “La mejor Literatura en cuatro viñetas: un libro perfecto para gente con prisas y para todo el mundo”. Y pensé: y para mis alumnos también, que no tienen ninguna prisa, pero a los que puedo proponer una interesante actividad…

Con la traducción de Iñigo García Ureta, Henrik Lange propone 90 conocidos títulos de la Literatura universal en tan sólo cuatro viñetas y en 45 palabras. Y no es broma,  de la enorme lista entresaco: Un mundo feliz, El clan del oso cavernario, Drácula, Don Quijote de la Mancha, Fahrenheit 451, El código Da Vinci, Los tres mosqueteros, El Señor de los anillos, La Biblia, La Odisea, El guardián entre el centeno, Robinson Crusoe, Alicia en el país de las maravillas o 2001, una odisea espacial sí, sí, sí ¡¡en cuarenta y cinco palabras!!

Veamos un ejemplo. Título y primera viñeta. Segunda viñeta y texto: Alex y sus drugos beben leche y apalean a la gente. Tercera viñeta y texto: Lo llevan a una clínica y le aplican el método Ludovico: escucha a Beethoven mientras ve escenas de violencia. Cuarta y última viñeta y texto: Cuando sale, Beethoven y la violencia le ponen enfermo. La gente le pega. Ser bueno tiene sus cosas. ¿La reconocéis?, ¿la recordáis…? Bueno, que algún amable lector lo descubra en su comentario…

Pues con estos mimbres me dispuse hacer mi cesta, máxime cuando en estos últimos tiempos están triunfando Twitter, un servicio gratuito de de microblogging en donde – como sabéis- no puedes pasarte de 140 caracteres sin que se enfade el pájaro azul.  También siguen de máxima actualidad redes sociales como Tuenti, Facebook o la moderna Google Buzz en donde bien en un muro, bien en pequeños cuadros de texto las personas se comunican de manera sintética, lacónica pero útil y eficaz. Debo reconocer que mi paso por la redacción de un periódico durante una etapa de mi vida me permitió –me exigió, más bien- pasar de los grandes discursos, de los textos argumentativos sólidos y contundentes, de los larguísimos comentarios de texto de la Universidad a la síntesis del periódico: en titular y en el cuerpo de la noticia. Recuerdo un viejo sistema informático que no permitía romper una palabra en un titular –y por eso eran muy apreciadas letras como la l o la i y pelín complicadas la m o las ll, rr– o exigia determinado número de palabras en la información para dar el OK, porque sí, daba el OK y ya accedía esa noticia directamente a los talleres.

Bueno, pues mi cesta en estos momentos del curso se llama Memoria, del celebrado escritor Jordi Sierra i Fabra -del que nos hemos ocupado aquí en otra ocasión- un relato sobre acoso escolar que forma parte del libro colectivo 21 relatos contra el acoso escolar, del que iremos desgranando en éstas y otra páginas más actividades y experiencias, pues unos cuantos centros estamos trabajándolo y colaborando para erradicar esta práctica de nuestros institutos.

Como aperitivo, y como muestra de este gran proyecto, os dejo las presentaciones que han realizado mis alumnos del Programa de Refuerzo Lingüístico de este año (con errores incluidos). Espero que os gusten, os puedan servir y veáis con indulgencia el esfuerzo que les ha supuesto resumir unas cuantas páginas en un puñado de palabras y cuatro imágenes. No ha sido fácil, pero ha valido la pena…

Marcos Cadenato

8 marzo , 2010

Marisol Antolín: “Sin límites”

Filed under: Te cedo la palabra — Etiquetas: , — Carlos Diez @ 1:30 pm

Este 8 de marzo cedemos la palabra a nuestra compañera y amiga Marisol Antolín, profesora de lengua y literatura y trabajadora incansable por devolver a la mujer -escritora, científica, persona…-  los méritos que se le han ocultado e incluso usurpado., y los derechos de que se le ha privado.  Durante cinco cursos ha desempeñado el cargo de directora del IES Karrantza, centro que se incorporó, gracias a su iniciativa, en Comunidades de Aprendizaje.

Recién llegada a la blogosfera  con Relatos y más, aprovechamos para darle la bienvenida. También podéis leer sus escritos en Facebook. Cada vez somos más… y mejores.

Marisol: nos sentimos muy agradecidos de contar contigo hoy en Tres Tizas.

Sin límites

Ayer salí del Juzgado al mediodía y decidí comer en un bar cercano y trabajar al mismo tiempo, después tenía una reunión con la Comisión de Derechos Humanos y debía  leer unos documentos. Son momentos de mucho trabajo pues aunque en los últimos años las mujeres en mi país hemos conseguido algunos derechos, queda mucho por hacer y no es fácil cambiar las cosas en esta sociedad de convicciones tan profundas, tan arraigadas.

Estaba en un rincón del bar ya que aún hay muchas dificultades para que una mujer joven coma sola en un lugar público. Algunas lo hemos conseguido no sin antes pasar por el proceso de ser acompañadas de algún familiar masculino, y obtener su permiso para que nos sirvan de comer cuando estemos solas, de manera que hemos logrado nuestra parcela de espacio, de libertad. Somos un pequeño equipo de abogadas, a veces vamos en grupo, otras solas, depende siempre del trabajo que ese día tenga cada una. Tanto los clientes como los dueños del establecimiento ya se han acostumbrado, lo han asumido como un hábito y eso nos da cierta tranquilidad: comemos a la vez que trabajamos y volvemos en seguida, son jornadas interminables  porque no es fácil convencer a tanta gente de que los cambios son necesarios en una sociedad que ve tan claro lo que debe ser.

Así que estaba comiendo el segundo plato, cuando oí una voz masculina en la mesa de al lado que le contaba a su mujer, a la que yo no veía muy bien pues iba cubierta con el hijab, las cosas que le habían sucedido en el trabajo esa mañana. No me había enterado de que habían llegado y volví a concentrarme en los papeles que tenía delante, por supuesto no me interesaba la conversación.

Sin embargo, a los pocos minutos elevó un tanto la voz y oí una parte de lo que contaba: “Ya le he dicho, estoy seguro de que a cualquiera de esos ancianos le dices que tiene la oportunidad de volver a vivir la vida que en breve va a dejar y te contesta que sí, estoy seguro. ¿Tú crees?, me dice.  Estoy totalmente seguro, por mucho que hayan sufrido en la vida, incluso aquellos que hayan podido tener el mayor sufrimiento que puedas imaginar: una guerra, torturas… estoy convencido de que lo aceptarían, cualquiera lo haríamos, incluso habiendo sufrido lo peor en esta vida”.

Desvié de nuevo la vista hacia mis papeles, pero mis ojos no llegaron a leer los documentos, la pregunta y la posible respuesta de aquellos ancianos que acababa de relatar mi vecino de mesa se habían adherido a mi cerebro como las raíces a un árbol, como no podemos imaginar las olas sin el ancho mar; y antes de hacerme la pregunta a mí misma ya me estaba contestando que respondería sin ninguna duda que yo no repetiría mi vida de ninguna manera; no fue pensado, fue algo profundamente sentido, no fue racional, fue algo emocional que emergía sin poderlo frenar, sin que nada pudiera arrancarlo ya de mí, sin poder controlarlo pero no queriendo controlarlo, porque los sufrimientos de cada persona  son suyos, sentidos por ella, ninguno es peor que otro porque quien lo sufre tiene su forma de vivirlo y nunca es igual a la de los demás aunque aquello que lo provoque sea lo mismo. Porque ya no estoy segura de que seamos capaces de imaginarnos el dolor de otras personas, esos sufrimientos que se asientan y viven con nosotros y que son ese puñito que sientes en el estómago, que te lo retuerce un poquito de vez en cuando y que te recuerda que el sufrimiento sigue ahí, y que es muy posible que no se vaya nunca aunque esté agazapado, aunque esté tranquilo durante largas temporadas pero sabes que reaparecerá porque la crueldad humana es la menos comprensible, es la menos asumible.

Desde luego, yo no volvería a vivir mi vida, y precisamente por el sufrimiento vivido.

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