Tres Tizas

30 noviembre , 2016

¡Esos tornillos!

Filed under: Blog — Etiquetas: , — Carlos Diez @ 8:00 am

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Hay tornillos que afianzan las patas (hablar, leer, escribir y escuchar) que sostienen la mesa de la competencia comunicativa. Entre otros, la ortografía, que dota de corrección a los textos escritos, y el vocabulario, que enriquece nuestras posibilidades comprensivas y expresivas.

Desde la llegada de los portátiles al primer ciclo de la secundaria, pido a mis alumnos que creen dos documentos en su GDrive: “Mi vocabulario” y “Mi ortografía“.  En el primero recogemos las palabras desconocidas que nos aparecen en lecturas y otras actividades. Las definimos, indicamos la lectura de la que proceden y añadimos a algunas una imagen ilustrativa y una oración en la que aparece usada (diccionario ilustrado y de uso). En el otro documento -el de ortografía-  recogen las faltas provenientes de sus escritos y otros ejercicios y las colocan en una tabla de tres columnas con los colores del semáforo. Se les proponen variadas tareas para mejorar: la simple copia, hacer frases, retos como construir un texto coherente con el mayor número de palabras en las que han cometido fallos, colorear las letras en las que se han equivocado, páginas de Internet con juegos para practicar, etc. De vez en cuando, se comprueba -el profesor, ellos mismos, algún familiar o compañero- si estas tareas han surtido efecto. Si se ha corregido el error, esa palabra se mueve una columna hacia la izquierda (del rojo al amarillo, del amarillo al verde y del verde a la reserva) y si se persiste en el error, la palabra se mueve una columna hacia la derecha. Y así crean una especie de historial en el que pueden constatar sus progresos y animarse.

Hace unos meses han descubierto –con resonancias cerebrales- que aprender nuevas palabras tiene el mismo efecto que el sexo, activa las mismas zonas cerebrales, el centro del placer. No sé, no sé…; yo no veo que mis alumnos disfruten tanto cuando trabajamos el vocabulario, ni veo en las escuelas de idiomas caras de satisfacción. Tampoco yo sentí nada al aprender el significado de “mariseia”, término que usan en Brasil para referirse al olor a agua marina y que ha adoptado una editorial especializada en publicar libros brasileños, con títulos tan preciosos como “Yo podría recibir las peores noticias de tus lindos labios”, de Marcal Aquino.

Carlos Díez

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18 octubre , 2010

“El boli venenoso”

Filed under: El boli venenoso — Etiquetas: , , , , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

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Crédito de la imagen original 2

Verano 2010. Una playa del Mediterráneo. Un día espléndido: un sol radiante, un agua limpísima y refrescante, una arena suave bajo mis pies desnudos y La reina en el palacio de las corrientes de aire en mis manos.  En la página 372, leía entonces:

 

Erika meditó la respuesta un largo rato antes de responder.
—¿Qué quieres decir?
—Es un presentimiento. Todo empezó cuando entré a trabajar aquí. Otras personas del periódico han recibido desagradables correos de El boli venenoso que parecen proceder de mí.
—¿El boli venenoso?
—Es el nombre que le he puesto a ese cabrón.
—Vale. ¿Por qué has sido tú y no otra la que ha sido objeto de atención de El boli venenoso ?
—No lo sé.
—¿Hay alguna cosa que te haga creer que es algo personal?

Hablaban Erika Berger y Lisbeth Salander sobre un extraño personaje que amenazaba, agredía, intimidaba y extorsionaba; que permanecía oculto, en el anonimato, y al que la redactora de Milennium bautiza como El Boli venenoso

Y yo, removiéndome intranquilo en mi silla de playa, repetía: “el Boli venenoso, el Boli venenoso…” Veamos, veamos, me dije un poco después delante de la pantalla de mi ordenador. Tecleé http://rae.es…:

boli. (Acort.). 1. m. coloq. bolígrafo.
bolígrafo. (De bola y ́grafo). 1. m. Instrumento para escribir que tiene en su interior un tubo de tinta especial y, en la punta, una bolita metálica que gira libremente.

venenoso, sa. (Del lat. venenōsus). 1. adj. Que incluye veneno.

veneno. (Del lat. venēnum).

1. m. Sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte.
2. m. Cosa nociva a la salud.
3. m. Cosa que puede causar un daño moral.
4. m. Afecto de ira, rencor u otro mal sentimiento.
5. m. Tecnol. Sustancia que frena un proceso físico o químico.

Y me dije: ¡ya tengo este curso una nueva sección para Tres Tizas!: El Boli venenoso, para denunciar, exponer, comentar, conocer y, sobre todo, compartir con todos los lectores, amigos y seguidores tresticeros aquellos errores, faltas, descuidos, equivocaciones, y disparates que vemos y leemos todos los días a nuestro alrededor.  Queremos poner en la palestra, como señala la RAE, “todas aquellas cosas nocivas a la salud” ortográfica y “todas aquellas cosas que pueden causar un daño” visual, espiritual, estético, moral…

Nuestra intención no es dar una magistral sobre acentuación, ortografía, semántica o sintaxis. No. Queremos que en 140 caracteres (Twitter) podamos exponer y explicar algunas de esas situaciones que nos causan cierto sonrojo a los docentes en general y a los profesores de Lengua y Literatura en particular, pero en todos los ámbitos de la vida: el laboral, familiar, escolar, de amistad, en la calle, en la ciudad, en el campo, en la televisión, en la publicidad…

Ya existen en la red algunas iniciativas para denunciar estos engendros lingüísticos: el blog de nuestra compañera Silvia González, Lengüetazos literarios y su Ministerio de Sanidad Lingüística o los Acentos perdidos del articulista y corrector Pablo Zulaica Parra y muchos más… Nosotros queremos construir una gran base de datos a través de Twitter con  estos monstruos que afean cuantos textos orales y escritos manejamos a diario… Para ello creamos a partir de este momento  el hashtag denominado #elbolivenenoso y que entre todos iremos actualizando. Podemos seguirlo a través de este blog que hemos creado al efecto. En ese tuit recogeremos entrecomillado el texto original -sic, que decían los clásicos- de aquello que nos ha llamado la atención. Hoy os animamos a participar mediante comentarios a esta entrada y, sobre todo, en todo momento para alimentar el hashtag que hemos creado.  Si lo consideráis oportuno podéis incluir un enlace con su fotografía correspondiente a través de Twitpic.

Mis bolis venenosos de este verano, a modo de ejemplo:

“AGUA Y REFRESCOS MÚ FRÍOS” (Le salva la ironía gráfica del cartel… :)) [AGUA Y REFRESCOS MUY FRÍOS]

“pero ke me estas contando coto si tu cuando salgas te vas a meter loco” (Uno de tantos sms de la televisión). [¡Pero qué me estás contando, Coto, si tú cuando salgas te vas a meter, loco!]

“hola  gracias pero es que no tengo idea como iniciar o como ingresar a este curso, estoy es muy desubicada, tu me puedes orientar mas Agradezco tu colaboracion.” (Uno de los cientos de e-mails que recibo). [Hola,  gracias,  pero es que no tengo idea de cómo iniciar o de cómo ingresar a este curso; estoy muy desubicada, tú me puedes orientar más. Agradezco tu colaboración.]


Marcos Cadenato

18 enero , 2010

Vizicleta

Filed under: ESO, Mide tus palabras — Etiquetas: , — Aster Navas @ 8:45 am

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Hay un argumento irrefutable –¿Tú me has entendido, verdad?– que se suele esgrimir para no respetar la ortografía. El receptor comprende lo que le digo: el error formal –ambre/hambre- no tiene consecuencias en el contenido. Irreprochable; razonable.

Bayadolid. Podía haber sido peor: Bayadoliz.

Miguel de Lives, Cervantes o Vecquer son genialidades. Lástima que en al aula nos limitemos a enmendarlas con boli rojo tachándolas de barbaridades.

¿Vivir es con v, profe? También se puede –suelo decirles- vibir, incluso vivir, pero no es lo mismo. Bibir es durísimo; un sinvivir –suspiro.

Se escribe Valladolid. El otro –la otra- Bayadoliz es una hermosa ciudad costera.

¿Nieve es con v, profe? Hay una niebe –bromeo- con b pero no tiene nada que ver. Cae del cielo sin convencimiento y no llega a cuajar. Es una nieve-bendita Mafalda- de mondondanga. Suele nebar poco y mal en Mallo o a finales de Avril.

¿Nabidad es con b, profe? Hombre, la de verdad es con v. Es Nabidad cuando la Nochevuena te pilla con gripe o viene el cuñado a cenar a casa.

No sé cómo lo recordáis vosotros pero para mí cometer una falta ortográfica grave era casi un delito, una confusión de b/v o una omisión de h te convertían en un convicto, un tipo peligroso. Nada que ver con la permisividad con que se tolera en la sociedad y –peor aún- en las aulas.

He aquí una propuesta para hacer del vicio una virtud, de tripas corazón y, encima, para disfrutar con ello.

También podemos ser más ortodoxos y mandarles enmendar –¿os parece cinco veces?- el desaguisado en el cuaderno.

Tal vez el giro creativo abunde aún más en la impunidad con que violan ante nuestros ojos las reglas ortográficas; tal vez la imaginación sea un camino incierto, pero son los caminos inciertos los que seducen a un servidor.

Pinchad sobre la imajen; digo… sobre la imagen.

Aster Navas

8 diciembre , 2008

¡Felizes Fiestas!

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Ésta que veis es la parte inferior izquierda del cartel ganador en la ESO del Concurso de Postales de Navidad de mi instituto. El nombre del autor no importa. Basta con saber que es un alumno de la ESO. Tampoco importa el origen geográfico; lo digo porque en mi centro hay mucho alumnado inmigrante de cerca de una docena de países diferentes, como ya he explicado alguna otra vez. No importa. Lo que más me ha llamado la atención es que para el Jurado de dicho certamen no ha tenido mayor importancia el hecho de que aparezca una hermosa falta de ortografía en el lema principal. ¡Felizes Fiestas!, reza el cartel; Felices Fiestas, me corrige el corrector de mi procesador de textos, subrayándome la palabra con un navideño espumillón rojo. Quizá el ojo humano -el del autor y el de los jurados- no haya observado la falta, pero no ha pasado desapercibido para el corrector de Word. 

No soy psicolingüista ni mucho menos grafólogo, pero a la vista de la imagen, quizá se pueda interpretar que un fallido Feliz Navidad se convirtió por las razones que sean en un Felices Fiestas. Tampoco importa. El plato está servido y yo tengo afilados los cubiertos. Y lo que más me duele es que en este caso un error, una errata involuntaria, hace deslucir todo un trabajo artístico, una hermosa postal, por cierto, de un alumno que generosamente ha dedicado un tiempo para su confección y que, sin duda, habrá lamentado -supongo- su equivocación. Así lo espero… 

En estas mismas páginas ya hemos hablado en algunas ocasiones de la importancia o no que el profesor de Lengua debe concederle a la Ortografía. Mis alumnos son inmigrantes –recién llegadosetorri berriak, dice mi consejero- y, lógicamente, yo corrijo en sus producciones la ortografía y la acentuación, pero en este caso, creo que estaremos de acuerdo en que mucho más importante que la corrección, lo es la cohesión, la coherencia o la propia capacidad comunicativa del texto. Cuando escribo en este caso, me refiero, lógicamente, a Programas de Refuerzo Lingüístico, a refuerzos que se desarrollan en Planes o Programas de acogida y, en general, a todas las clases de ELE o L2, donde el punto de mira del profesor no está especialmente en la corrección lingüística sino en la capacidad de expresión y comprensión escrita y en la capacidad de expresión y comprensión oral, espero. 

Una buena amiga en cierta ocasión que saqué a relucir estos eternos problemas que están encima de la mesa de cualquier profesor -pero más en la del de Lengua- me comentó que quizás la Ortografía esté sobrevalorada en los currículos académicos y que no sea un tema ni urgente ni importante. Y la polémica estaba servida y la chispa permanece encendida. Personalmente sigo pensando que un profesor de Lengua está en la obligación de advertir, censurar, corregir, alertar… -verbos peligrosos- las faltas ortográficas. No sólo las faltas de ortografía, claro está, pero también. El grado, el nivel o la intensidad de la corrección dependerá -supongo- de los alumnos y del profesor, pero nunca la podremos pasar por alto. Espero que en esta formulación sí estemos de acuerdo -o casi- todos los colegas.

 

También aquí he tratado de mostrar pragmáticamente la importancia de la ortografía cuando un alumno -sea inmigrante o no- busca infructuosamente en el DRAE la palabra *excalera o busca en las imágenes de Google el significado de la palabra *pezes. Y el DRAE es inflexible y no aparece tal vocablo. Y el buscador de imágenes de Google es inflexible y no muestra ninguna. El alumno motu proprio capta la necesidad de escribir correctamente, de esto depende que entienda el ejercicio o el texto y pueda realizar la actividad. Pragmática pura… 

Tampoco en esta ocasión quisiera polemizar ni dogmatizar con estas peliagudas cuestiones gramaticales, pero -mire usted, por dónde- la imagen me ha servido para volver a reflexionar sobre el particular y para desear a todos los lectores y colaboradores de Tres Tizas: ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo! o, como decimos por aquí, Zorionak eta Urte Berri On!

Marcos Cadenato 

20 febrero , 2008

Competencia lingüística y competencia digital

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La pasada semana en el blog en el que suelo colaborar, que muchos de vosotros conocéis, y donde comencé ésta mi adicción a los blogs, Bloggeando, alguien -y oculto deliberadamente su nombre- escribió literalmente:

 olle me podeis decir como se llama el segundo libro de lectura en diego de siloe (albacete)de tercero de ESO?

Y, claro, uno que tiene su corazoncito y que no es de piedra, sufrió una extraña reacción que prefiero ni definir ni tratar de explicar, pero me pasó algo parecido a lo que al bueno del Dr. Henry  Jekyll le sucedía con aquella extraña pócima que tomaba. Pero, rápidamente oculté al  misántropo Edward Hyde y reconsideré mis primeros e incendiados pensamientos. “Desconoces el autor de la frase”, -me repetí-, “no sabes nada de él excepto que cursa 3º de la ESO y que es de Albacete”, pero, insisto: la carne es débil, y me asaltó de nuevo la eterna duda de siempre: ”¿Lo más importante es que este adolescente -aun con errores- se ha comunicado con nosotros? No, definitivamente no, no puedo… o no quiero entenderlo así.

No quisiera parecer excesivamente purista, conservador o anticuado pero por mucha reforma que llevemos encima, por mucha pedagogía, por mucha coherencia, cohesión y conectores textuales que hayamos explicado, al final, lo que nos queda es una línea y media que, como veis, no tiene desperdicio. Sí, estoy elevando a categoría casi paradigmática la simple anécdota, pero es que, como dijo, aquél, “la cosa tiene tela”. Permitidme que, como en los dibujos animados, saque al angelito y al diablillo que llevo dentro.  

Dejando a un lado los aspectos lingüísticos, cuando la LOE habla de competencia digital, ¿se refiere a esto? Si un estudiante con 14 ó 15 años no es capaz de saber que el libro de lectura del segundo trimestre de la asignatura de Lengua en un instituto de Albacete no se puede buscar en el Google, así, tal cual, sino que hay que acotar muchísimo más la búsqueda, ¡estamos apañados! Cuando algún alumno trata de buscar en el DRAE “habíamos decidido” y, al mostrar su extrañeza porque no aparece, observa la mía, aún mayor, por su intento inútil, me pregunto una y mil veces: ¿qué estamos haciendo mal, rematadamente mal? La respuesta no es fácil, lo sé, pero volviendo al caso que nos ocupa, lo que la simple anécdota trasluce es un desconocimiento de cómo funciona la red de redes. No se pueden utilizar las fuentes de información con esa frescura y con esa ingenuidad. La información es fundamental; la selección es prioritaria. No podemos utilizar Internet igual que usamos el Messenger, los Foros o los Chats y esto se debe aprender en el instituto, no en un cíber. Claro, pasemos página también en lo que se refiere a la competencia digital que presentan algunos de nuestros compañeros. En fin… 

De otro lado, en lo que se refiere a la competencia lingüística, ¿se pueden encontrar aún más errores en línea y media de texto? Prefiero no pensarlo, pero en este caso sin pretender elevar a categoría la anécdota, enumero sin hacer demasiada sangre la lista de errores que cualquier viejo profesor de Lengua hubiese anotado en color rojo: el tratamiento con el que se dirige al receptor, faltas de ortografía, faltas de puntuación, faltas de acentuación, mayúsculas inexistentes, errores tipográficos. Insisto, no quiero hacer sangre ni generalizar, pero ¡el daño que está haciendo aquella…! 

Corren tiempos en los que se discute si el profesor de Lengua debe o no corregir de pe a pa los textos que generan los alumnos; hay una tendencia actual que defiende cierta permisividad en las faltas ortográficas, de acentuación y puntuación en la escritura de blogs por aquello de que lo importante es la comunicación… No sé., lejos de posiciones puristas –casi decimonónicas, me atrevería a decir- y de considerar la letra, sacra por naturaleza, sí es cierto que hay que mantener, respetar y hasta alentar el mantenimiento de ciertas normas mínimas. Ni si quiera ya por ética, por estética.

Y esta es la filosofía que creo que hay que transmitir a un estudiante que se está formando y que, de natural, no le concede demasiada importancia. Por encima de que tal o cual palabra se escriba con jota y con tilde en la e, es mucho más importante que perciba que es necesario respetar unos mínimos imprescindibles para mantener la comunicación, que no se puede deliberadamente escribir como uno quiera. Sé que es un asunto muy delicado, pero él me tiró de la lengua… J 

Marcos Cadenato  

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