Tres Tizas

7 noviembre , 2012

Laura Serrano y El Estado contra natura

Filed under: Te cedo la palabra — Etiquetas: , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

Laura Serrano es Doctora en Teoría de la Literatura y Licenciada en Filología Hispánica y en Filosofía, pero -sobre todo- para mí es una buena amiga de la Asociación Aulablog. Conocí a Laura en el Encuentro que Aulablog celebró en Madrid en julio de 2011 cuando participaba en la mesa de principiantes.  Y me llamó la atención. Nos llamó la atención a muchos. Su naturalidad, su cercanía, su entusiasmo, su locuacidad nos parecieron unas inmejorables cartas de presentación, pero, además, sus vastos conocimientos de Lengua, de Literatura, de Psicología, de Filosofía … ¡y de Tecnología! A pesar de estar en la mesa de novatos tenía mucho que enseñar y los demás mucho que aprender de ella. Basta con que echéis un vistazo a su espléndido blog: El Laurel de Apoyo.

Hoy nos recomienda una de sus últimas lecturas y lo hace, como siempre, con un entusiasmo y una profundidad, diganas de admiración. ¡Muchas gracias, Laura, por compartir con nuestros lectores, tu trabajo y tus inquietudes!

Marcos Cadenato

Crédito de la imagen

El Estado contra natura y otros cuentos de Luis Martínez Mingo

Gracias a Tres Tizas, que me invitan a colaborar en su blog y, sobre todo, a Marcos Cadenato, que ha insistido en cederme palabra, espacio y libertad temática. Para ser, según, el espíritu 2.0, un medio más entre tanta gente estupenda, aprovecho la ocasión que me brinda el norte, para un chinchín por un logroñés: Luis Martínez Mingo.”

Creí que era un compromiso cuando me pasaron este librito de un compañero para que le echara un vistazo. Mira que si no me gusta y a ver cómo escurro el bulto con diplomacia…Suele pasar. Pero, con alegría surrealista, he disfrutado ya el libro desde la edición. Pepitas de calabaza, “una editorial con menos proyección que un cinexín” presenta un tamaño cuco, manejable y como de móvil, con ilustraciones divertidas y siniestras a la par, a cargo de Estíbaliz Mintegi, con un toque caprichoso y goyesco, que presagia el contenido morbosamente locuaz.

Luis es un riojano, que entrevera, como la panceta, provincianismo celiano, veridicción narrativa y mágico realismo, con una mala leche de espanto y una acidez, que me ha divertido muchísimo en mis horas de metro. Muchos cuentos descansan, sospecho, sobre sucesos periodísticos o sucedidos locales, pero los tiñe de perversión y los fusila con cotidianidad

Cáustica y zurraspa de calzoncillo masculino. Porque son cuentos muy masculinos, eyaculados desde los veneros más literarios hasta las fantasías sexuales más cutres. Son divertidos. En su etimología: se separan de la tradición, mientras la lamen. Y así, en cada cuento, hay una referencia culta (Don Juan, Goytisolo, Poe, García Márquez, Salas Barbadillo, María Zayas, Don Rodrigo y la Cava, Bécquer) aliñada con asuntos logroñeses, casi siempre comenzados en el útero de las escaleras y los portales, entre vecinos, entre lo normal y lo sorprendente, entre lo monstruoso y lo tedioso. Juzgad los títulos: Smirnof, reclamo del Cabo de Hornos (Cocoon logroñés, diría yo), Pruebas de control (quizá homenaje a Hitchcok), La historia, al fin completa, del famoso Amante de los Bolsos, La raíz oscura de la emigración en Cameros, La reaparición, tras larga retirada, de San Miguel Arcángel en Logroño, Casa retomada, Confesiones de un guardagujas (uno de mis preferidos: absolutamente degenerado), La infamia del sprinter (Luis es de los pocos escritores deportistas, amén de bicicletero, con perdón), Non plus ultra, La leyenda de la Playa Roja, El Estado contra natura (Que narra los amores del Capitán Montoya con Carmen, su yegua y que da título al libro), Príapo y el Simún y, por último, dos alhajas, El Crisol, agencia de viajes (donde se prometen aventuras a los turistas en un crucero en el que son sometidos a todo tipo de perversiones) y El hombre de las multitudes (cuadro de El Bosco a la manera más serenamente mortífera; un plato frío de horror de invernadero).

Tanto me ha gustado, que buscaré por mi cuenta títulos anteriores y esperaré alguno, que ya está para salir del horno…o de la letrina de un momento a otro.

Laura Serrano de Santos, El Laurel de Apoyo

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23 abril , 2008

Tres milímetros

Filed under: Mide tus palabras — Etiquetas: , , — Aster Navas @ 12:00 pm



La soledad es mala consejera”

José María Sbarbi, Proverbios y refranes

Crédito de la imagen: http://www.cnice.mec.es

Últimamente, amor, nadie me llama.

He buscado por si acaso mi nombre en la guía. Estoy -fíjate bien- en la cuarta columna de la página trescientos cuarenta y cinco: GARRIDO, Juan José.

Tres milímetros más abajo he tropezado contigo: GARRIGAS, Marta. No te conozco de nada pero me ha parecido ver en esa proximidad la mano del destino.

He marcado intrigado tu número. No he sabido qué responder a tu dígame: Lo siento. Tan sólo estaba comprobando -a veces es tan equívoca- la realidad.

He mirado la dirección y vives dos calles más arriba; según el buzón de tu portal en un tercero luminoso.

No me ha quedado más remedio -compréndelo- que sitiarte: emboscarme en el bar de enfrente hasta memorizarte; apostarme en el rellano hasta enamorarme. Tu marido -convéncete: esta misma mañana te ha dado un beso tan neutro…- te quiere menos que a mí mi esposa.

Al volver a casa ha sonado por fin el teléfono: GARMA, Claudia. Tan sólo -se ha disculpado- quería comprobar la realidad: últimamente nadie le llama.

Le he asegurado -no te preocupes- que eras la mujer de mi vida. ¡Cachis! ¡Por tres milímetros…! -ha dicho y ha colgado. Parecía despechada: seguro que había visto en el alfabeto el inconfundible dardo de Cupido.

¡La muy tonta!

Aster Navas

9 abril , 2008

La luz de Septiembre

Filed under: Mide tus palabras — Etiquetas: , , — Aster Navas @ 12:00 pm
Crédito de la imagen: www.cnice.mec.es

Aquellos partidos de futbito no eran buena idea. Con los compañeros de trabajo basta una relación laboral; como mucho un café, esa tregua en que uno pregunta, sin escuchar, por los niños y las vacaciones en Port Aventura.

No. No había ninguna necesidad de quedar como quedábamos todos los miércoles para dar cuatro patadas con más voluntad que acierto. A un servidor no le pagan por jugar a fútbol. Un servidor no tiene por qué hacer el ridículo en el campo y en la ducha. Un servidor no tiene por qué embroncarse como me embronqué con Suárez.

Porque fue Suárez, el de Siniestros, quien, al ver que le quitaba el esférico me llamó “cabrón”. Suárez en la oficina nunca –créanme- me hubiera llamado “cabrón”; Suárez en la oficina es un tipo diligente y reservado que sabe medir sus palabras. No; Suárez no era un hombre que se dejara llevar por el coraje.

Suárez, el de Siniestros, se limitó a proclamar algo que –ya en el coche, camino de casa, lo entendí- toda la asesoría sabía: mi esposa me traicionaba; me ponía los cuernos. Suárez me llamó “cabrón” y nadie en el terreno de juego se apresuró a desmentirle; nadie le afeó la conducta; nadie detuvo el juego para pedirle explicaciones.

¿Cómo no me había dado cuenta –como lo hice a partir de ese instante- de los susurros, de los comentarios a media voz, de la complicidad con que se miraban mis colegas? Todos –era evidente- sabían que era un pobre cornudo, un “cabrón” como sentenció Suárez en el polideportivo. Sí, ahora entendía las palmaditas de Martínez, el de Decesos; el gesto siempre condescendiente de Gálvez…

Era un “cabrón”. De eso no había ya ninguna duda. Lo inquietante –parecía, aún, tan enamorada- era con quién me engañaba mi mujer. Me pasaba las noches en blanco, desvelado por la certidumbre de que horas antes otro hombre había ocupado mi lado de la cama; recorría las habitaciones buscando un indicio indiscutible de aquel adulterio que era la comidilla de toda la Compañía; regresaba intempestivamente a casa con la intención de sorprender a los amantes.

Matilde acabó pidiéndome explicaciones por aquel comportamiento.

Sé, cariño, que me engañas con otro hombre –dije, esperando que la luz de Septiembre que entraba por el balcón endulzara mis palabras.

¿Quién te ha dicho semejante tontería? –se revolvió ella indignada.

Suárez, el de Siniestros, me llamó “cabrón” y Suárez -tú, cielo, no sabes lo educadito que es Suárez- nunca habla así, sin ton ni son –repuse.

Ella me abrazó entonces con una delicadeza que creía olvidada y me explicó con paciencia maternal que ese “cabrón” no debía tomarlo al pie de la letra, que ese tal Suárez se dejó llevar, sin duda, por la rabia y lo dijo en sentido figurado. Que a ella le llamaban a veces “verdulera” u “ordinaria” y que nunca –afirmó, hurgándose la nariz- había dado a aquellos insultos ningún crédito. Que en alguna ocasión incluso ella me había soltado algún “idiota”, “imbécil”, “tontorrón” o “calzonazos” pero que no tenía ninguna duda de mi capacidad mental; vamos que me sabía listo, avispado y con criterio pero que cuando la sacaba de sus casillas se le escapaban aquellos improperios.

Luego me colmó de besos e hicimos el amor en el sofá de cretona.

Yo mismo oculté la corbata de Suárez bajo uno de los cojines. Con lo ordenadito –créanme- que es Suárez en la oficina…

Aster Navas

2 abril , 2008

Mide tus palabras

Filed under: Mide tus palabras — Etiquetas: , , — Aster Navas @ 1:00 pm

 

Creo, amigos, que hemos acertado -ya nos contaréis- con el título de esta colección de relatos:

-por su forma; son historias de bocado.

por su contenido.

Sí; Mide tus palabras.

 

Un abrazo; un besote; un ejemplo:

(more…)

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