Tres Tizas

15 mayo , 2013

Burruños

Filed under: Mide tus palabras — Etiquetas: , — Aster Navas @ 9:05 am

burruño def

Tú seguiste moviendo el ratón como si tal cosa. QUE ME GUSTAS –te repetí pero continuaste navegando por la Red buscando la biografía de Jovellanos. Amarré el canal diciéndotelo dulcemente al oído. Tal vez, pensé, lo habías interpretado como una simple muestra de aprecio; que me agradabas, sin más, y te habías sentido defraudada. No; no quedaba nada clara la intención comunicativa. El contexto, tampoco el contexto ayudaba lo más mínimo: qué olvidadito tenían aquellos desaboríos ilustrados al bueno de Cupido… En el mensaje no había forzado las neuronas…

En aquel segundo intento decidí tirar de léxico valorativo y apelar al receptor. En un trocito de hoja del cuaderno de Mate y, tras penosas reflexiones, me incliné por TE QUIERO MUCHO, COSITA. Pasé el mensaje a Gutiérrez; Gutiérrez se lo deslizó a Valdueza; Valdueza se lo lanzó a Pulido y éste lo dejó sobre tu mesa. Lo desplegaste, hiciste con él un burruño y terminaste de copiar la ecuación de segundo grado que el Simca escribía en la pizarra. Algo así, –me dije- chaval, se le dice a una madre o a tu tío de Cuenca pero no a la mujer de tu vida. La has cagado; trabaja un poco ese nivel de registro o vas listo. Elegante pero informal; barba de tres días.

TE QUIERO MAZO, TÍA te solté en el pasillo pero ni caso; ni una sonrisa cómplice para el emisor. Reforcé aquel verso con código gestual: caída de ojos, mano sobre el corazón, zapatillas Converse, flequillo trabajado.

TE AMO –apunté en una esquina de una lámina de dibujo. La arranqué y se la pasé a Balbas; Balbas se la deslizó a Gangoiti; Gangoiti a Tudanca y Tudanca, por fin, colocó mi telegrama junto a tus Rotrings. Lo leíste, lo hiciste pedazos y tomaste de nuevo el cartabón sin inmutarte. Sí –comprendí- sólo alguien escapado de un culebrón se declararía así; pensarías, con  toda la razón, que era un perfecto capullo y actuabas en consecuencia. Con esa forma discursiva no iba a ningún lado… Daba por hecho que era un amor no correspondido. ¡¡Ataca, argumenta!!  Algo así se grita, se exclama. Cambia de modalidad oracional. No hay que venirse a bajo: redundancia; bombardea su corazón. Resumiendo: ¡¡trata de arrancarlo, Carlos, por Dios; trata de arrancarlo…!!

¡¡TE DESEO!! –garabateé aceleradamente en tu pupitre a la vuelta del recreo. Dudé y a punto estuve de borrarlo: este mamón –concluirías- sólo me quiere por mi cuerpo. Al llegar, lo miraste, lógicamente, espantada y se lo enseñaste al Calambres; el Calambres se lo mostró al tutor; el tutor le fue con la historia al Prefecto y el Prefecto me llamó a su despacho donde me amenazó literalmente con empapelarme. No contaba con aquel receptor múltiple ni con aquel coloquialismo; mi confidencia se había convertido en una rueda de prensa. Yo abjuré y afirmé que aquel inocente graffiti estaba sin terminar, que el texto había sido alterado por una goma de Milán, un inoportuno ruido, y acababa con –lástima que estuviéramos en Febrero- FELIZ NAVIDAD. No se tragó la deixis temporal y me señaló la puerta.

NO ME GUSTAS, AINHOA  –te solté por google talk con la vista fija en la pantalla. NO ME GUSTAS NADA –insistí. Tú, entonces, dejaste de teclear y te enjugaste una lágrima.

Te pasaste todo el trimestre acosándome con miradas y risitas y tuve que ser cortante.  NO TE QUIERO, AINHOA –arañé en una hoja del cuaderno de Ciencias. Pasé el papel a Badiola; Badiola se lo deslizó a Verdugo; Verdugo -a punto,  estuvo de haber aquí una interferencia– tras recogerlo subrepticiamente del suelo, se lo entregó a Montero y Montero lo dejó sobre tu libro de texto, en la página que describe a los animales vivíparos. Me montaste una escena en el gimnasio y me enviaste un montón de guasaps conativos y un correo con una lamentable modalización, veintidós emoticonos y ni una sola tilde: ni adecuado, ni coherente ni cohesionado.

QTDÉN, AINHOA! –te respondí, rabioso, por el smarthphone.

Te quería; te quería –créeme- un huevo…

Aster Navas

 

10 febrero , 2011

Vuelven Los Clásicos

Filed under: Blog, ESO — Etiquetas: , , , — Gorka Fernández @ 9:01 am

Crédito de la imagen

Hemos comenzado la parte específica de Lengua Castellana y Literatura (LCL) en el Máster de Secundaria. Para mi sorpresa en la primera asignatura “Fundamentos teóricos de la LCL” el catedrático Juan Fernández Valverde, erudito que reconoce no haber dado una sola hora lectiva en un instituto de Secundaria, nos propuso realizar comentarios de textos clásicos.

Nos daba a elegir entre Safo, Catulo, Ovidio, Homero… debíamos analizar tópicos como el locus amoenus, carpe diem o amor indignus. Por curiosidad busqué la palabra clásico en el Real Decreto 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la ESO, para LCL y únicamente hacía mención a la “lectura comentada y dramatizada de obras teatrales breves y fragmentos representativos del teatro clásico español” en tercero.  Este irreverente y docto profesor renegaba de la vertiente pedagógica en la enseñanza e insistía en la relectura de los clásicos, como modelo que nos permite analizar la actualidad. Argumentaba que a nuestro alumnado en ocasiones lo tratamos como si fuese idiota y no pudiese acceder a conocimientos universales, aunque sean más complejos. Lo le pregunté si se había adherido al “Panfleto pedagógico” porque la respuesta era obvia.

He de decir que mi primera impresión fue nefasta. Pensé que aquellas horas serían un sufrimiento, que me apartaban del pragmatismo legislativo en el cual debía zambullirme, pero con el paso del tiempo su reflexión inicial sobre la presencia de tópicos en nuestra realidad más cercana, se hacía patente. Texto a texto constaté que hoy sentimos y padecemos prácticamente lo mismo que nuestros antepasados hace milenios y que la Literatura es un magnífico vehículo para conectarnos con nuestros ancestros ¿Por qué no hacérselo ver a nuestros jóvenes, aunque no esté en las enseñanzas mínimas regladas?

Mi grupo analizó “Cupido y Psique” de Apoleyo y a mí me tocó estudiar la belleza en el texto. Os presento mi primer Slidecast, expresamente hecho para este post, que viene a ser lo que expuse a mis compañeros.

Si alguien quiere trabajar este texto ahí va el enlace, además de la belleza están presentes el amor, la envidia, la felicidad, la esperanza, la fortuna y la curiosidad. Solo habría que pedir a los alumnos que leyesen el texto y lo analizasen con una perspectiva de presente.

Gorka Fernández

15 noviembre , 2010

Comentario de texto: ¿10 líneas, 5 palabras?

Filed under: Tírame de la lengua — Etiquetas: , , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

Como recordarán muchos de los lectores de Tres Tizas el pasado mes de septiembre muchos de los admiradores del insigne manco de Lepanto y del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha tuvieron la oportunidad de participar en la lectura colectiva de El Quijote que auspició, con mucho acierto, la Real Academia de la Lengua. Fueron muchas las persona y muchos los profesores que se registraron en You Tube y que, tras la asignación correspondiente, leyeron públicamente un pequeño fragmento.

Tras un par de intentos infructuosos –problemas de sonido, deficiente iluminación, problemas técnicos…-  conseguí el fragmento 125 (de 2149), correspondiente al Libro I, capítulo 11: De lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros, es su título. Tan sólo diez líneas que dicen así:


—Con todo eso, te has de sentar, porque a quien se humilla, Dios le ensalza.
Y asiéndole por el brazo, le forzó a que junto de él se sentase. No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar y mirar a sus huéspedes, que con mucho donaire y gana embaulaban tasajo como el puño. Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de bellotas avellanadas, y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si fuera hecho de argamasa. No estaba, en esto, ocioso el cuerno, porque andaba a la redonda tan a menudo, ya lleno, ya vacío, como arcaduz de noria, que con facilidad vació un zaque de dos que estaban de manifiesto.


Aunque alguien en la red me ha felicitado muy amablemente por la lectura que realicé entonces, me llamó la atención que en tan minúsculo fragmento, encontrara, al menos, cinco palabras que desconocía o que no me resultaban familiares. Sin falsa modestia, quiero señalar ahora que no soy un lector corriente, que soy profesor de Lengua Castellana y Literatura y, sin embargo, tuve que releer los siguientes términos: embaulaban, tasajo, zaleasarcaduz y zaque.  Intranquilo, hice una mini-encuesta a  mi alrededor y los resultados fueron similares… Si a nosotros -adultos- nos cuesta entender el texto, ¿qué le sucederá a un adolescente que además suele tener que hacer un comentario lingüístico y literario del  mismo? Quizá no sea muy ortodoxo que un profesor –de Lengua- reconozca esto públicamente, pero lo cierto es que esta anécdota me hizo pensar en la situación real de las aulas y me ha suscitado una serie de reflexiones que quisiera compartir en este rinconcito educativo y, de las que por cierto, ya han hablado teclados mejores que el mío:

  1. Los jóvenes del siglo XXI no leen como los del siglo XX.
  2. La lectura es sólo una forma más de ocio en la sociedad actual.
  3. La lectura en las aulas muchas veces termina con el placer de leer.
  4. La lectura obligatoria que imponen las instituciones educativas  en algunos niveles académicos (Ministerios, Consejerías, Editoriales…) es cuando menos cuestionable.
  5. La selección de obras de lectura es difícil y, las más de las veces, arriesgada.
  6. No hay selecciones ni obras mágicas que aseguren el éxito en el aula.
  7. La Historia de la Literatura no es Literatura ni mucho menos lectura.
  8. Los fragmentos recomendados por autores o editoriales muchas veces no están ajustados a las edades de los alumnos.
  9. Los comentarios de texto no acercan a los alumnos a las obras;  frecuentemente les alejan y les asustan.
  10. Hay lecturas secretas que los alumnos manejan y que no suelen estar entre las recomendaciones académicas.
  11. El placer de la lectura es individual y es muy difícil poderlo transmitir a los jóvenes que no leen.
  12. La Literatura, la lectura y los lectores del siglo XXI no son los mismos -ni falta que hace- que los de los siglos anteriores.

No hay que rasgarse las vestiduras permanentemente y maldecir a las nuevas generaciones porque ni leen ni quieren leer. Debemos, como lo estamos haciendo ya en otros ámbitos, conseguir un equilibrio entre la necesidad y la virtud… Tratemos de conseguir lectores en el aula, no  destruirlos; dejemos que lean cuando quieran y que no lean, si no lo desean; diferenciemos claramente entre la necesidad de leer y el placer de la lectura;  y, sobre todo, asumamos que nuestros alumnos –por lo general- no son alumnos lectores y que tenemos que ajustar los textos que empleamos en el aula, aún más si cabe. No son buenos momentos para la lectura, tampoco…

Marcos Cadenato

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