Tres Tizas

15 diciembre , 2008

Coloquio: aprendiendo a dialogar, aprendiendo a pensar.

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Crédito de la imagen

En la televisión “moderna” apenas se emiten programas en los que los participantes reflexionen. Los coloquios y debates de otras épocas -¿quién no recuerda “La clave”?- se han convertido en discusiones crispadas en las que prima el espectáculo y el sensacionalismo (así los coloquios de “La noria” o “El debate -a cualquier cosa se le llama debate- de Gran Hermano”); o, en el mejor de los casos, en una exposición de sucesivos monólogos (como en “59 segundos”). Parece que la televisión no es un medio apropiado para la manifestación de ideas y pensamientos en profundidad.

A los alumnos, carentes de modelos de intercambio cortés de opiniones, les cuesta seguir con atención y participar en diálogos reflexivos de cierta duración. Tampoco los foros y redes sociales que frecuentan en Internet parecen los medios adecuados para fomentar la participación intelectual meditada.

En esto, por tanto, los centros educativos, entre otros agentes, han de ser de nuevo los dinamizadores y transformadores. Los educadores tenemos una tarea más. Habrá que buscar y ofrecer modelos a los alumnos, sembrar la inquietud, la necesidad, y proporcionar el ambiente adecuado para que germinen, florezcan y se desarrollen en ellos las habilidades comunicativas enfocadas a expresar opiniones, mostrar acuerdo y desacuerdo, manifestarse a favor o en contra aportando razones…

Y más cuando las tesis sociales y educativas abogan desde hace unos años por el diálogo (presencial o a través de la red) como el instrumento más eficaz para la construcción y organización del conocimiento. El aprendizaje dialógico, basado en las teorías entre otros de Freire y Habermas, engloba y supera el aprendizaje significativo de concepción constructivista.

Llevando a la práctica esta concepción comunicativa de la educación, las Comunidades de Aprendizaje proponen diversas actividades y procesos que facilitan las estructuras adecuadas: grupos interactivos, tertulias dialógicas (que fomentan la lectura reflexiva y de las que escribiré en un futuro artículo) y debates o diálogos. En estos últimos se valoran las diferentes aportaciones en función de la validez de los argumentos utilizados (incluido el argumento emotivo) y no la situación académica o de poder de quien las realiza.

Por todo esto y aprovechando que el curso pasado en tutoría seguimos el programa  “Ser persona y relacionarse” de Manuel Segura y que este trimestre estamos trabajando en clase los textos argumentativos, presento una actividad ni nueva ni original, pero sí sencilla de organizar, amena y eficaz para promover el diálogo en las aulas: el coloquio sobre dilemas morales. Este intercambio oral de opiniones es el remate de una secuencia de actividades ya planteadas por mi compañero Patxo Landa en El barracón, artículo de este blog. Y si es posible, se contextualizará partiendo de hechos concretos recientes. En el último hemos tratado la eutanasia y la noticia que lo motivó fue el caso de Hannah Jones, al que se ha unido recientemente la polémica por la emisión del video con escenas de la muerte de Craig Ewert. En fin, el coloquio: forjándo-nos opiniones.

Busca el desarrollo de esta actividad en el wiki

Carlos Diez

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