Tres Tizas

8 febrero , 2012

No es país para filólogos…

Filed under: Tírame de la lengua — Etiquetas: , , , , — Marcos Cadenato @ 8:35 am

Crédito de la imagen

He tenido durante mucho tiempo este artículo rondándome por la cabeza pero no me decidía a publicarlo porque no encontraba ni el momento ni el lugar. Cuando el mes pasado leí un comentario en un blog amigo, Profesor en la Secundaria, se me volvió a remover algo en mi interior. Reproduzco de nuevo aquel comentario:

“La verdad es que no les interesa [la riqueza léxica del idioma] porque creen que saben de sobra para manejar sus maquinitas y encima tenemos al enemigo en casa, el bilingüismo. Hoy les he preguntado palabras relacionadas con la navegación y uno me ha dicho que el año pasado hizo un curso de vela y aprendió muchas palabras sobre el barco, las velas, los aparejos… en inglés, y que no sabe cómo se dicen en español. Sobran los comentarios.”     (PELS, 10 de enero de 2012 )

Aunque esta profesora se refiere a la convivencia o la interferencia entre el inglés y el español, no pude sino hacer un gesto de extrañeza cuando lo leí y lo releo nuevamente: “y encima tenemos al enemigo en casa, el bilingüismo…” No imagino ninguna situación de comunicación en el aula para poder  pronunciar una frase como esta. “El enemigo en casa…” No lo entiendo.

Glosas emilianensesHe comprobado en numerosas ocasiones cuando he estado en  Congresos, Jornadas  y Seminarios por toda España que no existe la misma sensibilidad lingüística en aquellas comunidades autónomas que son monolingües. Quizá en la comunidades bilingües (Euskadi, Navarra, Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana, Islas Baleares), independientemente del nivel de diglosia o bilingüismo real que exista, hay una extraordinaria sensibilidad y respeto por todos los idiomas.  Y no es una casualidad, que el profesor, filólogo y escritor, José María Romera, en uno de sus artículos periodísticos  escribiera no hace mucho tiempo:

Este país tiende a tratar las lenguas como banderas políticas con asta punzante y arrojadiza, en vez de velar por su conservación y su desarrollo como elementos valiosos del patrimonio cultural y herramientas vivas de comunicación o, lo que es lo mismo, de entendimiento.”  (Las lenguas en el Senado en Juego de palabras en El  Correo, 08-05-2010, pág. 7)

Esta situación se ha vivido en la Cámara Alta de las Cortes Generales de España, pero también se vive en nuestras calles. Todos conocemos a alguien que con disgusto y un cierto resquemor te cuenta cómo en tal pueblecito de Girona en una tienda solo le atendían en catalán; que en tal restaurante de otro pueblecito guipuzcoano solo le atendían en euskera…  y no lo puedo negar, pero me extraña mucho porque vivo en Euskadi y veraneo en Catalunya. Me cuesta creerlo, pero siempre me he encontrado gente dispuesta a comunicarse, a ser amable, aunque de todo hay en la viña del señor…
Lo que más me llama la atención es que en determinados temas, todos somos filólogos, todos sabemos perfectamente qué hay que decir o escribir y no importa ni la Ortografía, ni la Nueva Gramática de la Lengua Española ni el Diccionario Panhispánico de dudas, ni la propia Real Academia Española… Y, claro, todas las opiniones no pueden ni tienen que tener el mismo valor. Recuerdo en un Congreso de Profesores de Español que en uno de los merecidos descansos surgió un tema de debate en la mesa: la convivencia de las lenguas como experiencia enriquecedora y necesaria. Sin embargo, no todos los profesores que allí estábamos pensábamos lo mismo. En concreto, yo citando de memoria a don Rafael Lapesa y su Historia de la Lengua Española -manual que todos los estudiantes de Filología deberían conocer- me atreví a afirmar que el castellano no era sino un latín vasconizado, y vaya la que se lió…

Quiero resarcirme ahora –por si mi interlocutor me leyese- y reproduzco unas palabras, no de Lapesa, sino de otro excelso filólogo, Emilio Alarcos Llorach:

El primer castellano, latín vasconizado

No todas esas glosas están en romance; algunas se limitan a ofrecer un equivalente latino más o menos sinónimo de la palabra dificultosa; pero, además, y esto es lo curioso, un par de ellas no están redactadas ni en latín ni en romance, sino en vasco. Con lo cual estamos celabrando un doble milenario: el de los primeros testimonios escritos del castellano y del vasco.
Es interesante saber que en esos siglos persistía vivo el bilingüismo que indudablemente existió largo tiempo, desde los primeros intentos de romanización, en todas estas tierras del alto curso del Ebro, y que en gran parte, es responsable de las especiales características que adoptó el romance castellano. De otro modo: el castellano es en el fondo un latín vasconizado, una lengua que fueron creando gentes eusquéricas romanizadas.
Podemos aceptar, con todas las dificultades que presenta la interpretación precisa de esas gloras emilianenses, que éstas constituyen el primer ejemplo histórico de nuestra lengua escrita, reflejo de un habla reducida a límites geográficos muy restringidos, una más entre las variadas que se desarrollaron a partir del latín en la península“.

[Extracto del discurso del catedrático y académico Emilio Alarcos Llorach en el acto de conmemoración del  Milenario de la Lengua Española, celebrado en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, Comunidad Autónoma de la Rioja, el 14 de noviembre de 1977]

Enlazando este con el post anterior de mi compañero Carlos, solo dos ideas finales para terminar:

Qué importante es saber idiomas: Les Luthiers: Radio Tertulia.

Solo los genios saben tocar así de bien las pelotas: Les Luthiers: Raphsody in Balls.

Lo dicho, no es país para filólogos…

Marcos Cadenato

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3 marzo , 2008

Los y las alumnos y alumnas aprobados y aprobadas…

Filed under: Tírame de la lengua — Etiquetas: , , , , , , — Marcos Cadenato @ 1:00 pm

     En el metro de Bilbao, tan nuevo, tan limpio, tan políticamente correcto, luce un cartel que dice textualmente:

  

metro.jpg

               
                “Las y los clientes desprovistos de título de transporte válido
                serán sancionadas con multa de hasta 6.000 euros.”    
                (la negrita es nuestra) 

     De las múltiples posibilidades de redactar esta sencilla frase, la Dirección del Metro bilbaíno ha elegido la peor. Parece querer satisfacer a todos, y ni lo uno ni lo otro. Ni usa el género masculino sólo, ni el género femenino sólo; utiliza ambos, a la vez, mezclados, para no herir, a lo que parece, determinadas sensibilidades. Como se ve, no sólo a los puristas de la lengua les suenan los oídos, sino a cualquier persona con la mínima sensibilidad lingüística. Según la Nueva Gramática del Metro es aconsejable que el núcleo del Sintagma Nominal (Sujeto) se acompañe del determinante en su forma masculina y femenina, independientemente del género del mismo; el sustantivo aparecerá en su forma masculina; el complemento adjetivo del nombre también en masculino, pero, por el contrario, se aconseja el uso del género femenino para el participio pasivo. Señor, ¿se pueden cometer más insensateces? 

     De un tiempo a esta parte prolifera todo tipo de extraños y variados sistemas para que el lenguaje no parezca sexista. Desde el empleo de los dos artículos –lo hemos visto-, hasta acompañar las terminaciones con un guión y la forma femenina (alumnos–as), con una barra (alumnos/as), con ambas formas a la vez (alumnos, alumnas), con un extrañísimo e impronunciable fonema (estudiant@s) o intentando, siempre que sea posible, sustituirlo por un sustantivo no marcado (alumnado). 

     Mi admirado Arturo Pérez Reverte, escritor y académico, en diferentes ocasiones se ha referido en sus artículos a esta penosa situación y hace unas semanas volvía a recordar la conveniencia de adoptar una postura sensata y alejada de cualquier tinte machista o feminista. Y añade en este mismo artículo 

O sea: para que España sea menos machista, cada vez que yo me siento a teclear esta página, por ejemplo, debería tener a un inspector de lenguaje sexista sentado en la chepa, dándome sonoras collejas cada vez que escriba señora juez en vez de señora jueza –que la RAE incluya algo en el diccionario no significa que sea lo más correcto o recomendable, sino sólo que también se usa en la calle–; o me haga pagar una multa si no escribo novelas paritariamente correctas: un guapo y una guapa, un malo y una mala, un homosexual y una lesbiana, una parturienta y un parturiento”.

Hasta la fecha, la única entidad que merece cierto crédito y que vela porque la Lengua tenga el prestigio que la mayoría de los hablantes desea que continúe conservando es la Real Academia de la Lengua, que sigue limpiando, fijando y dando esplendor. Los colectivos feministas, de mujeres, de algunos hombres… que han participado en este debate puede ofrecer su particular visión de los hechos con más interés que acierto, con más pasión que corrección, pero, repito, hasta la fecha, la única referencia que el hablante debería seguir es la normativa de la vieja institución. En estos tiempos de democratización de la entidad que dirige Víctor García de la Concha, su magisterio es muy claro: 

“[…] Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo […] Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.”

                                         Diccionario Panhispánico de Dudas, Primera  edición, (octubre 2005).

     Por lo tanto, -y sé que la polémica sigue candente-, en estos tiempos en que la violencia de género se lleva cobradas 17 víctimas mortales (“¡malditos seáis todos los violentos!”) no frivolicemos con aspectos lingüísticos, alejados en origen absolutamente de cualquier interpretación torticera, sexista y malintencionada. Recordemos que es más habitual encontrar un uso sexista del lenguaje que una concepción sexista del mismo. Dejemos el Tribunal del Santo Oficio donde está y dejemos los autos públicos de fe como un simple guiño de la memoria. 

Marcos Cadenato 

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