Tres Tizas

28 enero , 2015

Te cedo la palabra: la maleta de Izaro

Filed under: Te cedo la palabra — Etiquetas: , , , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

No me es fácil presentaros a una ex alumna del Máster de Secundaria, Izaro Ojinaga, porque la convivencia en las aulas universitarias -aunque intensa- es demasiado breve. Sin embargo, en aquellas pocas sesiones, los profesores de aquella promoción -yo, al menos, lo recuerdo vivamente- pudimos comprobar la energía con la que Izaro se movía por la clase, las ganas de participar que siempre demostraba, la vitalidad con la que hablaba de la que sería su profesión y lo contagioso de su pasión por la Educación. Con los años, amigos comunes nos han vuelto a juntar y he ratificado que aquella impresión inicial se ha multiplicado por mil. Izaro no para, sigue investigando, sigue completamente activa y completamente ilusionada con su trabajo. En alguno de los emails que nos hemos cruzado durante estos días, me lo confesaba al enviarme el artículo que leeréis a continuación: “tenía dudas sobre la extensión, el estilo… pero bueno, lo he hecho con el corazón“. Izaro, eres todo corazón, y desde el nuestro queremos agradecerte que nos hayas dedicado este ratito y que nos prometas, además, una segunda parte, que esperamos ansiosos y expectantes. Bihotz bihotzez, eskerrik asko, Izaro!

Marcos Cadenato

MALETACrédito de la imagen

Primer día de cole. A las 8:30 en punto suena el timbre y me dirijo al aula de 1º de ESO B, a impartir la primera clase de lengua castellana del curso. No llevo ni libros, ni cuadernos, ni lápices. Solo mi maleta. Entro al aula dando los buenos días. Dejo mi maleta encima de la mesa, miro a mis alumnos y sonrío, consciente de que el completo silencio que guardan será casi irrepetible. (¡Y menos mal!). “-Me llamo Izaro y ésta es mi maleta.

    De ella saco tres objetos, uno a uno, y explico su significado mientras todos me escuchan. Unas zapatillas de deporte, un bolígrafo (que representa mi vida académica y profesional) y una fotografía de mi madre. Tras hablar largo de lo que cada objeto significa para mí, dejo que se abra una ronda de preguntas. Y contesto a todas. Necesito que mis alumnos me conozcan, que tengan claro que antes que profesora soy persona; con alegrías y penas, con algunas virtudes y muchos defectos.

    Pero lo que de verdad necesito es conocerlos a ellos. Y es que no es fácil dar clase a desconocidos. Por eso, los próximos días son ellos los que abren sus maletas y permiten que los conozca y también que se conozcan entre ellos. Ya habrá tiempo para hablar de literatura y gramática, primero es mejor centrarse en lo importante. Conocerse será una inversión a largo plazo (aunque probablemente algunos, espero que pocos, opinen que esta dinámica es una pérdida de tiempo).

    El potencial de esta práctica es impresionante. Las lágrimas y los abrazos suelen ser frecuentes. Todas las maletas son únicas e irrepetibles. Algunas más emotivas que otras, unas cuentan mucho y otras poco, pero absolutamente todas reflejan las personalidades de sus dueños. Y es ese reflejo el que nos ayudará posteriormente. Para que un equipo humano funcione correctamente, primero tiene que conocerse como tal; como humano.

    Además, en el grupo emergen valores como la solidaridad, la igualdad y el respeto y también se desarrollan aptitudes importantes como hablar en público. El equipo escucha, ayuda, comprende. Se humaniza.

    Es el primer paso con el que se intenta cumplir uno de los objetivos más importantes del curso: Tejer las redes de seguridad que servirán de apoyo a todos los alumnos. Así que antes de abrir libros y cuadernos, vamos a abrir nuestras maletas.

Izaro Ojinaga

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26 enero , 2012

Profes guays

Filed under: Te cedo la palabra — Etiquetas: , , , — Marcos Cadenato @ 9:00 am

Conocí a Begoña Roldán en el Encuentro de Aulablog de este año, en la mesa de principiantes, mesa que yo he ocupado no hace mucho y que he presentado también con alguno de mis compañeros de asociación. Llamaba la atención aquella mesa de profesores que se iniciaban en las TICs, en los blogs, por su entusiasmo, por su creatividad, por su trabajo infatigable… En aquella mesa estaban -lo recuerdo muy bien- la propia Begoña Roldán, Inés Andrés -de quien hemos tenido noticia en esta bitácora-, Laura Serrano -de quien seguramente lo tendremos en breve- y José Frutos -el único profesor de Ciencias- en un mar de letras puras en donde las voces femeninas y “de letras de toda la vida” se hicieron con la mesa y con el auditorio.

Begoña tiene un extraordinario blog de Lengua y Literatura -que os invitamos a visitar- Llueve en la Arcadia con un bellísimo título y unos contenidos que os asombrarán y enamorarán. Actividades didácticas, propuestas de aula, iniciativas colaborativas que no podéis perderos y hoy, como aperitivo, una reflexión educativa que nos hará pensar…

Marcos Cadenato

Crédito de la imagen

Dicen que soy una “profe guay”. Y, además, es verdad. Esto no gusta a muchos de mis compañeros, y muchísimo menos que lo afirme. Algunos piensan erróneamente que cuando un docente se granjea las simpatías de sus alumnos, es que está haciendo algo mal porque han entendido la educación como un campo de batalla donde el de enfrente, es el enemigo. Quizá, los profes “guays” son los que han comprendido que educar es una tarea de comunicación bilateral y que, lo esencial para poder aportar, es que los demás estén esperando tu aportación.
La vida es un miserable camino rutinario plagado de obligaciones que muchas veces nos desagradan. Un docente, muchas veces, no es capaz de comprender el sentimiento de impotencia que sienten los alumnos encerrados entre las cuatro paredes del aula, ya que, a menudo, el profesor, suele ser una persona a la que le ha gustado estudiar y que considera el saber como un bien en sí mismo. Para un joven normalito de hoy en día, un bien en sí mismo es un Smart Phone, un buen coche, una pareja “pintona” y un círculo de amigos amplio. El adolescente trata de encajar con su grupo, pero todavía, no intenta pertenecer a la sociedad. Es joven y el futuro es algo demasiado abstracto, denso y lejano, que sólo entenderá cuando sea adulto y tenga que salir de su “Yo” para ganarse el pan. Teniendo en cuenta esto, el profe guay se convierte en una especie de infiltrado mental y trata, por todos los medios, de enlazar con los intereses de sus alumnos para poder encontrar resquicios que dejen pasar la luz de su asignatura. El profe guay no siempre será joven y ahora tampoco lo es tanto para que sus alumnos lo idolatren por ello. Tampoco viste o habla como sus alumnos. No es uno de ellos y los pequeños reos, lo saben ¿Qué hacer entonces? El profe-no-guay coloca un muro entre él y su clase, se limita a relatar su asignatura y no le importan los resultados. El profe-guay prepara sus clases meticulosamente e intenta, con cada una de ellas, romper el rutinario hilo del curso. Busca actividades que diviertan a sus alumnos, se machaca la cabeza en el metro para encontrar formas de explicar “eso tan difícil”, cuenta anécdotas y chascarrillos que hagan más amenas sus explicaciones, pone esquemas en la pizarra, etc. En definitiva, piensa en sus alumnos y se preocupa por ellos porque no sólo le gusta su asignatura, sino también, enseñar (y nadie nos dijo que fuera fácil).
Yo uso las nuevas tecnologías en mis clases y muchos me miran como si fuese un bicho raro que da “pan y circo” al alumnado para que le siga la corriente. Y yo digo que esto puede ser verdad, ¿y qué? El pan, es el alimento básico, al igual que el hacer que los alumnos piensen y reflexionen sobre lo que les cuentas, es la base de la formación intelectual ¿Y qué tiene de malo el circo? Si lleva años funcionando, es por algo. Seguro que los antiguos romanos tenían claro que los leones eran carnívoros y, de este modo, el circo lograba “docere” a la vez que “delectare” –bromas aparte-lo que quiero decir es que, si un alumno va a tu clase contento y predispuesto e interioriza la asignatura como algo propio, entonces, habrás hecho bien tu labor. No digo con esto que los docentes que no usan las TIC en sus clases sean peores, ni mucho menos. Sus estrategias tendrán para relacionarse con sus alumnos y eso es lo que verdaderamente importa; llegar a ellos del modo en que a uno se le dé mejor.
Soy una “profe guay” porque mis alumnos me aprecian y se suelen aplicar en mi asignatura.

Y qué queréis que os diga, me gusta.

Begoña Roldán, Llueve en la Arcadia, @Begoroldan

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