Tres Tizas

17 mayo , 2017

Connor no tiene quien le escriba

Filed under: Blog, Secuencia didáctica — Etiquetas: , , , , , — Aster Navas @ 1:11 pm

Soy (a veces) un impostor. Vamos a dejarlo así: mentiroso o embaucador son demasiado connotativas. Impostura es, sin duda, el término más acertado para describir el punto de partida de estas dos propuestas didácticas.

Aquí un servidor suplanta a Connor O´Malley, el protagonista de Un monstruo viene a verme y a una joven descolocada por una insólita declaración de amor.

Clicando sobre cada webquest podéis  ver los motivos, más que justificados, para este embuste. Me he hecho pasar también (os iré contando) por director de hotel y gerente de un polideportivo.

Me lo voy a tener que hacer mirar… En fin.

 

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31 enero , 2011

¿Eres una persona?

Filed under: Como la vida misma, Tírame de la lengua — Etiquetas: , , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

Crédito de la imagen

Siempre me han llamado la atención esos programas o plataformas que te ordenan de repente confirmarles que eres un ser humano, así de buenas a primeras… La primera vez –extrañado- introduces esas ilegibles letras que te solicita la máquina y te quedas con la mosca detrás de la oreja, pero la mayor sorpresa me la he llevado con Google –¡inefable Google!- cuando después de escribir con cierta dificultad el captcha, me manda pulsar la tecla “Soy una persona”. ¡Qué intranquilidad y qué desazón se te queda después de pulsarla! No piensas en si te has equivocado en la jota o en el tres, no; si ya te toca revisión de la presbicia, no; lo que piensas realmente es en lo que pensará esa dichosa máquina sobre ti y si estará de acuerdo o no en considerarte una persona y eso, amigos míos, no tiene precio… La tecnología nos facilita mucho las cosas -nos las complica otras tantas- pero esto ya roza en los límites de la metafísica en su vertiente ontológica, o sea, en el estudio del ser en tanto que ser. “Ojú, con la identidá digitá”, que diría el viejo Séneca…

La pregunta no dejaba de inquietarme, cuando decido abrir el correo del centro para ordenar la correspondencia diaria. Después de eliminar la ración correspondiente de spam (increíbles chicas del Este, agrande su pene, le ha correspondido un lote de productos…“) publicidad no solicitada, peticiones de certificados e informaciones administrativas varias, me encuentro esta joya del género epistolar, que transcribo aquí, respetando –lógicamente- el anonimato y sustituyendo los nombres reales por otros ficticios:

Buenos días, me llamo Ernesto Munguía y el motivo de este correo es tal vez un tanto extraño. Me gustaría saber si en la plantilla docente de su escuela se encuentra una chica de unos 25, 26 o 27 años llamada Azucena. Por lo que recuerdo de cuando hablamos, su especialidad era la lengua inglesa y sus temas de conversación discurren entre la filosofía y la política. Lamentablemente, no dispongo de más información que pueda ayudarles. Sin embargo estoy profundamente enamorado de ella. Gracias por su atención.

Sin embargo estoy profundamente enamorado de ella”, volví a releer y me acordé sin querer de aquella tecla “Soy una persona”. ¡Qué cosas! Alguien que en pleno declive del género epistolar amoroso, se atreve a escribir a la dirección electrónica de un instituto para solicitar información sobre una persona de la que está profundamente enamorada. Incluso como broma, me encanta… La humanidad que me reclamaba Google a mí, la encontré en este comunicante que, sin ningún miramiento, confiesa públicamente su amor ante las más de cien personas que podían haber leído su correo y muestra sus preferencias por la lengua inglesa, la filosofía y la política… ¡Simplemente delicioso! Con este curioso personaje, Google no dudaría  ni un segundo: “Eres una persona” , le diría al instante…

Leía hace unos días en el periódico, en boca del escritor y psicólogo Ignacio García-Valiño, las siguientes palabras: “Hay que llevar a los colegios el aprendizaje de las destrezas emocionales si queremos que los chicos estén preparados. La habilidad social va a ser crucial para sobrevivir en una sociedad cada vez más competitiva y compleja; hay que saber convencer, trabajar en grupo, coordinarse, expresarse, caer bien, tener empatía con el otro, no perder los papeles, ser afectuoso, ser cálido; todo ese conjunto de cosas es fundamental para la vida y debería aprenderse en la escuela, entre otras cosas porque nos ahorraría una conflictividad que empieza a convertirse en una seria amenaza para el sistema educativo.” Y, claro, nuevamente recordé esa sala de profesores un lunes a las 7:45 horas de la mañana y a algunos de los muchos profesores que entran por la puerta sin decir ni buenos días y con los que te cruzas por los pasillos como si estuvieses en la Gran Vía… Sinceramente, cuando veo a estos profesionales de la Educación que tienen en público sus destrezas emocionales y sus habilidades sociales crionizadas, sólo me viene a la cabeza una idea fija: ¿cómo será el comportamiento social de estos profesores con sus alumnos?, ¿resistirían a la pregunta del buscador: Soy una persona? Mientras escribía este post nos acaban de comunicar del Departamento de Educación del Gobierno Vasco que “esta medida supone la supresión de la oferta de enseñanzas  de ESO en el IES… para el curso 2011-12“; vamos, que otra vez tenemos que hacer las maletas porque nuestro destino definitivo, no lo era tanto… “!Vaya palo!, ¿no?” ha dejado un compañero en el correo del centro; los demás, no saben, no contestan…

Hummmm…. no quisiera parecer catastrofista, no me gustaría dejar un sabor excesivamente amargo, porque, a pesar de los pesares y aún con todo, el mundo no está loco y -como dice la publicidad- “el ser humano es extraordinario…

Marcos Cadenato

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