Tres Tizas

16 octubre , 2018

Por la escucha atenta, por el silencio activo.

Filed under: Blog — Carlos Diez @ 7:30 am

La clase magistral “es un método tradicional de enseñanza que consiste básicamente en la transmisión de información o conocimiento por parte del profesorado al alumnado de forma unidireccional; el profesor habla y los alumnos escuchan”. Pausa dramática: ¿el alumno escucha?

Son incapaces de escuchar y atender en silencio una explicación o exposición oral de diez minutos: Oído a profesores acerca de algunos alumnos de bachillerato. Te interrumpen en medio de una  frase, y solapan su intervención con la tuya, más preocupados por decir lo que quieren decir –y con una urgencia inaplazable- que por escuchar lo que se les está contando: Oído a profesores acerca de algunos alumnos de secundaria.

Que sí, que sí, que hay formas de aprender que no requieren silencio ni concentración. Que sí, que la actividad docente consiste en diseñar experiencias de aprendizaje con metodologías activas, que no hay que convertir las aulas en salas de conferencias, que el cerebro no aprende solo a base de discursos. Que sí, que sí, que hay  que motivar, dinamizar, trabajar por proyectos, entretener, conseguir que los alumnos cooperen, conseguir que los alumnos trabajen de manera cooperativa y se informen por diferentes fuentes…

¡Pero yo quiero ser una de esas fuentes!, no quiero privar a los alumnos de mis conocimientos ni quiero renunciar a mi voz. Y no solo para dar un par de instrucciones o para plantear y pedir actividades, sino también como medio para transmitir información organizada y, por qué no, como medio de preparar a los alumnos para que sean capaces de escuchar con atención cada vez durante más tiempo. Por eso reivindico un tiempo para la clase magistral. Dosificando, claro. La capacidad de atención es diferente según la edad, la madurez…., pero no surge de la nada, hay que trabajarla, hay que entrenarla, no crece si no se la riega. (¡Cómo aumentaron nuestra capacidad de aguante a los que ya peinamos canas esas misas dominicales de media hora interminable!).

Eso sí, una clase magistral preparada, que intente captar y mantener el interés de los oyentes (con material visual de apoyo como, por ejemplo, presentaciones de diapositivas, videos, infografías), que sepa adaptarse a sus reacciones, que transmita que nos gusta el tema, que destaque lo importante, que relacione las informaciones e ideas, aderezada con anécdotas y ejemplos, que tenga en cuenta los referentes culturales de los oyentes (y les vaya sumando otros); y que formalmente no sea un texto leído, sino que se interprete, proyectando la voz y modulandola, con un volumen adecuado y una entonación expresiva, usando pausas estratégicas, con gestos…

Y no hay que olvidar que la clase magistral también puede despertar la curiosidad, favorecer la reflexión y el pensamiento crítico, fomentar el debate y las conversaciones, invitar a la participación, abriendo caminos con preguntas sin respuesta, planteando dudas y no resolviéndolas.

¿Y si planteamos el aumento de tiempo de la capacidad de atención a un mensaje oral como un objetivo? Podríamos considerarlo el “producto final” de un proyecto, podríamos gamificar el proceso y dar insignias a los que superaran determinados tiempos. Y los profesores podríamos formarnos en dar lecciones magistrales (sotto voce: y ya de paso, en preparar presentaciones de diapositivas). Perdóneseme la ironía: es consustancial a mí.

Propongo, por tanto- ahora sí, en serio-, dentro del eclecticismo metodológico de lo que funciona, mantener o recuperar una parcela de tiempo para la clase magistral como método para lograr el aumento de la concentración y la atención del alumno a un discurso oral. Y no sigo, que en la extensión de los post tampoco conviene pasarse.

Y si alguien quiere más, puede leer el artículo “Elogio de la clase magistral”, de Jaime Martínez Montero, donde se cuenta algo parecido a lo de este post, pero mucho mejor escrito (y esto tampoco es ironía).

Carlos Díez

PS. Gracias a mi compañero Patxo Landa, por sugerirme el tema.
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2 comentarios »

  1. Imagino, amigo mío, que -en mayor o menor medida- todos seguimos utilizando la clase magistral para explicar lo que sabemos; todos -en mayor o menor medida- la preparamos y la organizamos, pero la clase misma ordena y manda y nosotros obedecemos… Más de una vez, una buena pregunta de un alumno, -a ha echado la clase abajo y, como los buenos actores, ha ido por donde ella ha querido. No basta con preparar, organizar, estructurar… Muchas veces basta con ser moldeable, flexible -“be water, my friend!“- y saber adaptarse a lo que cada situación requiere y demanda. Que no es poco, oiga… 🙂

    Comentario por Marcos Cadenato — 18 octubre , 2018 @ 10:45 am

  2. Cielos, Carlos, eres un forajido magistral en tiempos de bandidaje cooperativo 🙂 Como dice Marcos, lo de clase magistral es muy relativo y discutible. La gracia de todo esto es saber administrar los conocimientos y equilibrar los tiempos para cada una de las tareas. Nada fácil, sin duda.

    Comentario por @tonisolano — 19 octubre , 2018 @ 6:25 pm


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