Tres Tizas

25 mayo , 2016

Te cedo la palabra: Las historias de Aitor Lázpita

Filed under: Te cedo la palabra — Etiquetas: , , , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

Hoy nos visita nuestro compañero Aitor Lázpita que, aunque por nombre y apellido podría ser bilbaino y otro tresticero más, sin embargo, es profesor de Lengua castellana y Literatura en el IES Nazarí, de Salobreña (Granada) y autor de numerosos trabajos y proyectos colaborativos en donde está presente su sello personal, tanto como en sus fantásticos blogs -el personal Gramática Parda y los de aula– que os recomendamos vivamente releer y consultar una y mil veces. Cuando uno mira y consulta sus variados y diferentes materiales elaborados en la red no puede por menos que sorprenderse por su capacidad de trabajo y por la inmensa calidad de todos ellos. No descubrimos nada nuevo hoy, pero sí queremos recordarlo y reconocerlo, nuevamente, desde aquí. ¡Muchísimas gracias, Aitor, por tu trabajo y por compartirlo con todos nuestros lectores! Eskerrik asko, Aitor!

Marcos Cadenato

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Crédito de la imagen

Historias

Everything is what it is because it got that way
D´Arcy Thompson, On Growth and Form (1917)

“—¡Escriba!¡Escriba! Verá como llega a verse entero.”
Con esa frase, el médico que trata al protagonista de “La conciencia de Zeno” le anima a dar forma de historia a sus problemas, para poder así comprenderlos mejor.
Conocer a una persona supone, en buena medida, conocer su historia. No los datos biográficos, ni sus ideas, tampoco sus orígenes genéticos o culturales, sino —sobre todo— la historia que esa persona se cuenta a sí misma sobre sí misma. La historia en la que explica cómo y por qué ha llegado a ser como es o a ver las cosas como las ve.
Responder a la pregunta “¿quién soy?” supone contar una historia. Mi historia. Un mito, en el sentido etimológico, personal.
No sólo los psicoanalistas han llegado a esta conclusión, también los narradores —desde el origen de los tiempos—saben que la personalidad se forja al verse reflejada en historias, no en ideas o razonamientos.
En “On the Origin of Stories“, Brian Boyd explora el papel que las narraciones juegan en la adaptación de la especie humana al medio, la importancia que han tenido en la forma que ha ido adquiriendo el cerebro humano en la génesis de nuestra especie.
Contar es anterior a pensar y, además, las historias que nos contamos modelan inconscientemente nuestra manera de pensar.
El lingüista George Lakoff, en “The Political Mind“, explica a través de las historias —y de las metáforas que las pueblan— las diferencias irreconciliables entre progresistas y conservadores. ¿Por qué personas inteligentes y con capacidad de raciocinio difieren tanto en sus juicios y viven casi en universos inconmensurables? La razón, según Lakoff, radica en las historias, las narraciones, que modelan las visiones de esas personas.
Las instituciones, los grupos humanos estables, también se cuentan historias a sí mismas, se explican mediante narraciones. Lo que ocurre es que hay diferentes historias que conviven. Algunos miembros de esas instituciones o grupos interiorizan historias diferentes a las de otros miembros.
La Escuela, como institución, tiene distintas historias que la legitiman, que la explican. Muchas de esas narraciones son contradictorias entre sí, por eso no se llega a un acuerdo a la hora de solucionar los males que la aquejan.
Así, la respuesta a la pregunta por el sentido o el objetivo de la Escuela como institución sería una historia, un mito.
Los docentes tienen interiorizadas, de forma inconsciente, historias, mitos, que explican la esencia de la Escuela. Esos mitos están cuajados de metáforas, como la del docente como padre (o madre) estricto, frente al docente como padre (o madre) comprensivo. Esas metáforas llevan a “elegir” historias en las que la bondad tiene que ver con la obediencia y el esfuerzo o, por otro lado, con la creatividad y el espíritu crítico.
Es curioso ver cómo personas que ideológicamente no tienen nada en común, comparten los mismos mitos sin darse cuenta.
Si fuéramos capaces de ser conscientes de las historias que modelan nuestro pensamiento, de hacerlas explícitas y cuestionarlas, sería mucho más fácil llegar a acuerdos en la comunidad educativa.
El papel que juegan las narraciones en la visión del mundo (Weltanschauung) nos puede ayudar a ver la auténtica importancia de la lectura y la escritura en la formación emocional e intelectual.
Kafka lo resumió en una de sus misivas a su prometida:”…no soy, ni puedo, ni quiero ser otra cosa que literatura…
A la Escuela le vendría bien hacerse literatura, historias. Sería la mejor manera de “vernos enteros“.

Aitor Lázpita @alazpita

8 comentarios »

  1. ¡Muy interesante tu reflexión sobre por qué las escuelas deberían ser literatura! Convertirse en una historia narrada. ¡Cuánto que aprender y que lujo leerte como siempre!

    Comentario por Maru — 25 mayo , 2016 @ 12:04 pm

  2. Me ha entusiasmado tu texto que había comenzado sin saber muy bien adónde ibas a parar. Yo he sido profesor de literatura durante treinta y siete años y no he hecho otra cosa que intentar convertir el aula en literatura. No enseñar literatura sino convertirnos en personajes literarios que pudieran conformar una historia novelesca. No entiendo muy bien qué hacen otras personas -los mundos ajenos siempre me resultan extraños por incognoscibles- pero en la medida de mi imaginación he anhelado vivir la experiencia literaria desde dentro de la propia literatura. En efecto, supongo que todos tenemos una historia que conforma nuestra Weltanschauung. En Cataluña se ve claramente. Hay una historia contada por los nacionalistas sin una fisura que expresa algo indiscutible. Son puros mitos, leyendas, historias, pero cuando estas historias se interiorizan condicionan cualquier nuevo dato en un sentido determinado. Entre los docente probablemente hay también historias sobre qué es la escuela, qué es el profesor, qué son los alumnos y eso condiciona cualquier nuevo enfoque narrativo. El claustro de mi instituto es en esencia conservador. Yo no he visto que lleguen allí ideas nuevas, esas a las que es fácil acceder, nuevas reflexiones. No, la historia aprehendida es irrevocable, no tiene retorno. Por eso nunca hay reflexiones de ningún tipo, ningún ansia de conocer nuevas narrativas. Los profesores en general no evolucionan, están hechos de una pieza. Nada hay que agrade menos que venga alguien cercano a contarte una nueva historia que suena a mitos distintos en los que se descree. Por eso hay tantas escuelas y la escuela pública es ahora esencialmente conservadora, aunque tiene valores positivos en sí misma como la mixtura humana. Que vivimos en el siglo XXI… da igual. Hay que enseñar como nos enseñaron a nosotros. Cuesta salirse de ahí. En mi caso personal, mi pasión literaria me lleva a adoptar papeles distintos. No me da miedo contradecirme, ir descubriendo nuevos mitos, nuevas obras que representar. Creo en esencia en una escuela experimental y de vocación literaria, en un tiempo en que la literatura es puramente anecdótica. Fíjate que yo empecé en el sistema anterior y daba 18 horas lectivas de literatura. Ahora en el último curso he dado cuatro en segundo de bachillerato. La literatura en la ESO, en mezcolanza con la lengua, no es eficaz. La literatura es una disciplina que implica creatividad e imaginación que ha de ponerse en marcha en el aula. Hay (habría) que convertir (tendrían que convertirse) en artistas los alumnos y el profesor en uno más, como el profesor chiflado. Este año lo he conseguido y mis alumnos se han hecho creadores. Me voy con la conciencia divertida de haberlo podido experimentar por última vez.

    Comentario por Joselu (@olahjl) — 25 mayo , 2016 @ 4:33 pm

  3. Gracias, Maru y Joselu, por vuestros comentarios. Gracias por la paciencia que demostráis al leerme.
    Y que conste, Marcos, que sí, que soy bilbaíno de nacimiento, aunque granaíno de adopción🙂
    Un abrazo.

    Comentario por Aitor Lázpita — 25 mayo , 2016 @ 5:27 pm

  4. De todos modos, Aitor, ya sabes que los de Bilbao nacemos donde queremos…🙂
    Enhorabuena por el texto y, como te digo en la intro, felicidades por tu espléndido trabajo. Nunca lo había pensado, pero quizá el problema de prácticamente todos los seminarios de Lengua y Literatura que he conocido -y llevo ya en este negocio casi 30 años- es que nunca nos hemos hecho Literatura, nunca nos hemos contado historias… ¡y así nos ha ido y así nos va…!
    Prometo tener en cuenta esta interpretación de la realidad y prometo, de esta manera, intentar entender algunas cosas que ahora ni por asomo entiendo…
    Muchas gracias.

    Comentario por Marcos Cadenato — 25 mayo , 2016 @ 10:34 pm

  5. Seré breve: Me gusta tu propuesta, ¡literaturicémonos, pues!

    Comentario por Carlos Diezc — 28 mayo , 2016 @ 10:41 am

  6. Ya sabes lo mucho que te admiro, Aitor, por tu mirada siempre escéptica, enajenada incluso, y por ello necesaria en estos tiempos de moda y conformismo. Leer la Escuela como un mito se convierte en un ejercicio filosófico muy interesante: frente a la narración simplista, de cuento maravilloso que plantean algunos, la Escuela es más bien la agonía de Prometeo o el vuelo de Ícaro. Ahora que me he metido en política (ser director es ser en cierta medida “político educativo”), he de leer el Proyecto Educativo como un relato de ciencia-ficción: el reto es que logremos una utopía amable sin caer en la distopía amarga.
    Gracias por regalarnos tus palabras y recursos. Un abrazo.

    Comentario por @tonisolano — 28 mayo , 2016 @ 11:45 am

  7. Comulgo con la idea de “literaturizar” las aulas y dar vida a las historias que habitan en ellas. Al leeros, me he acordado de un texto de Galeano (nunca sé cómo etiquetar sus creaciones, pues son un híbrido entre la poesía, la narrativa y el ensayo). ¿Y si la escuela fuera como apunta Aitor, un entramado de historias parecido al “vuelo compartido” de Galeano? :

    Tecnología de vuelo compartido: el primer pato que levanta vuelo abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta viento al séptimo…
    Cuando se cansa, el pato que hace punta baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa V que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante; y ninguno se cree superpato por volar adelante , ni subpato por marchar atrás.

    LU

    Comentario por lenguablog — 5 junio , 2016 @ 7:00 pm

    • Lu, gracias por el comentario. A mí me sonaba… me sonaba… y es que Juan Carlos Guerra en su participación en Tres Tizas, nos dejó la misma idea del trabajo en equipo, pero él hablaba de gansos… Gansos, patos…, lo importante es lo que nos decís y lo que representan…🙂

      Comentario por Marcos Cadenato — 6 junio , 2016 @ 1:30 pm


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