Tres Tizas

28 marzo , 2011

Aprendí a ser persona

Filed under: Te cedo la palabra — Etiquetas: , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

Crédito de imagen

Te cedo la palabra de este mes de marzo es especial. Especial porque su protagonista, nuestra compañera Begoña Ruano, no es la protagonista sensu strictu… Especial, porque Bego en una carrera meteórica ha pasado de la posición 1.0 a la 2.0 en un brevísimo lapso de tiempo. Especial, por que ha emprendido una labor titánica y ha empezado a producir trabajos colaborativos muy interesantes. Pero, especial -sobre todo- porque  quiere contar una experiencia inolvidable que vivió en sus primeros años en Educación: la asistencia académica domiciliaria.

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“¡Esto tiene que ser una broma!“, fue lo que pensé, cuando leí el mensaje de correo de Tres Tizas donde se me proponía escribir una entrada en su blog. Un pavor horroroso me invadió, mi cerebro iba a mil:” ¿Yo, pero es a mí? ¿Por qué yo? Si yo solo soy una “pobre” novata  en TICs, que pasa más tiempo pegándose con la tecnología, que haciendo algo digno”. Lo único que se me ocurre en lo que soy diferente es mi experiencia como docente con estudiantes enfermos.

Me tengo que remontar una década atrás. ¿Os acordáis de Sofía en Las chicas de Oro?…Pues ahí va mi historia.

Barakaldo. 5 de noviembre. Mientras terminaba un curso del Paro, el Departamento de Educación llamaba a mi casa y comunicaba a mi madre que al día siguiente tenía que ir  al IES.******, para dar clase en un domicilio. Cuando me dieron el recado, pensé: “eso no existe”. Llamé por teléfono a Educación para confirmar que era verdad. Me atendieron con gran amabilidad (increíble, pero cierto), luego entendí el porqué.

6 de noviembre. Allí estábamos a primera hora Marina, que se iba a encargar de impartir todas las materias del ámbito científico-tecnológico, y yo que me iba a encargar del lingüístico-social. Hablamos con el director, jefe de estudios, tutora,… tomamos posesión, apareció la madre de la alumna, nos  llevó a su casa,… Cuando nos encontramos por fin fuera de aquella vorágine de información, solas en una calle perdida, nos miramos alucinadas y balbuceamos. ¿Pero esto qué demonios es?

El Departamento de Educación había organizado por primera vez “un sistema de asistencia domiciliaria para niños enfermos” ya que la enseñanza era obligatoria. Ahí comenzaron los problemas, el sistema estaba dirigido para alumnos hasta los 14 años, pero ese curso entraba la ESO y la obligatoriedad pasó a ser  hasta los 16 años. Así que, tan pronto nos decían que se suspendían  las clases, como que continuaban. Nadie sabía qué hacer con nosotras. Las reuniones y llamadas telefónicas se sucedieron. ¡Una locura y angustia permanente! Me sentí zarandeada como una marioneta.

  • Esther, “nuestro primer caso”: adolescente de 16 años, 2º de BUP, con problemas óseos. Realizaba rehabilitación en el hospital de Gorliz, así que no asistía a las últimas clases de la mañana.
  • Zigor: adolescente de 15 años, 3º de ESO, con problemas relacionados con un cáncer óseo que se había manifestado a los 11 años. Sus entradas y salidas continuas del hospital de Cruces impedían una escolarización normal.

El problema no era el impartir las clases, sino el desconocimiento del sistema por parte de todos: Administración, inspección, profesores, padres… Éramos unas cobayas.

Nuestro trabajo consistía en ir  al domicilio, en el que siempre debía estar un adulto por si surgía algún problema, e impartir los contenidos que los profesores “titulares” habían preparado para nosotras (libros, fotocopias, material extra…). Eso ya era un problema, yo creo que nos veían como unas intrusas invasoras. Nosotras éramos un mero instrumento transmisor, no cuestionábamos nada. Los exámenes los ponían y corregían ellos. Como los resultados eran buenos, pensaban que les decíamos las soluciones. ¡Eran estudiantes enfermos, no tontos! Y en nuestras clases no podían distraerse.

Al principio me preguntaba que para qué les daba materia, si ellos tenían otra prioridad que era sanarse. Me explicaron que el tener una normalidad en todos los aspectos de la vida les ayudaba psicológicamente y que sobre todo iban a ser enfermos una etapa de su vida y luego ¿qué? No debían de perder muchos trenes, porque eso significada romper lazos con sus compañeros y amigos de clase.

Crédito de la imagen

Marina y yo fuimos afortunadas, sólo tuvimos un susto con Zigor. Sin embargo a dos compañeros se les murieron dos niñitas: una de cuatro añitos durante las Navidades y la otra niñita de unos ocho años en julio (con esta última tuvimos relación en el hospital de Cruces, le llevábamos gominolas y la hacíamos reír).

Sin darme cuenta me convertí en colega, ayudante de enfermera, psicóloga y muchas veces en paño de lágrimas de unos padres que me acompañaban a la salida a la puerta, aprovechando que sus hijos ni los veían ni oían. Poco a poco me sentí más cercana a los alumnos que a los profesores. Algunos eran lo que una amiga denomina “chatarra espacial”. Os voy a poner algunos ejemplos:

  • El profesor de Ciencias Sociales que se empeñaba en que ya le explicaría a la alumna las fichas que tenía que hacer y cuándo eran los exámenes. No fui capaz de hacerle entender que si yo estaba allí, era porque Esther no podía asistir a sus clases. Lo dejé por imposible.
  • Tenía que hacer un trabajo para Ética, donde el protagonista tiene cáncer. El dilema era el siguiente: ¿Hay que decirle que se muere? Lo intenté, pero no pude, me negué…
  • La profesora de plástica se empeñaba en que tenía presentar 50 láminas y hacer un examen. Nadie, ni jefe de estudios, ni nosotras, ni que tuviera una palometa en el brazo para tener una vía abierta por si acaso, pudo con su intransigencia.

Ahora sólo recuerdo lo positivo, pero hubo momentos duros:

  • Dar clase en el hospital (no quiero recordar en qué condiciones), todo el mundo era encantador, pero ese calor, ese olor, yo sentía que me succionaban la energía.
  • Zigor si no llega a estar hospitalizado se nos muere.
  • Una bronca monumental que le eché a Zigor y me sentí la peor persona del mundo, una bruja… ¿Cómo podía leerle la cartilla a un enfermo?

Todo aquello valió la pena, aprobaron. Ese verano Esther fue operada. Años más tarde la encontré en Bilbao, ella me paró. Estaba en la Universidad haciendo Bellas Artes. ¡Bravo, mi trabajó sirvió para algo! Desgraciadamente a Zigor no lo he vuelto a ver. Pero al curso siguiente apareció en un reportaje de El Correo, y nos mencionaba, dándonos las gracias. No he vuelto a saber nada más de él, pero sé que está bien, no me preguntéis por qué, pero lo sé.

Aquí  acaba mi experiencia. Os aseguro que fue una experiencia dura, pero muy, muy gratificante. Yo fui la alumna y ellos los profesores. Muchas gracias.

Begoña Ruano

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Para saber más:

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23 comentarios »

  1. ¡Qué bueno! ¡Qué humano! Uno de esas entradas que nos gusta leer a los de Tres Tizas. Enhorabuena Begoña por saber trasmitirnos algo tan especial.

    Comentario por Gorka Fernández — 28 marzo , 2011 @ 11:19 am

  2. Bego, no tenía ni idea de que hubiese existido ese tipo de docencia. Si en condiciones normales los alumnos se convierten en una parte de tu vida tan importante, ni me imagino lo que debe ser trabajar con chavales enfermos. Muchas gracias a ti y a los “tresticeros” por compartir esto con nosotros. Me ha llegado al alma.

    Comentario por Inés — 28 marzo , 2011 @ 11:36 am

  3. Muchas gracias, Bego, por tu colaboración. Todos somos ahora un poco más personas, después de leer tu experiencia con alumnos enfermos. ¡Inolvidable experiencia -lo vemos- y de una humanidad extraordinaria! Esther y Zigor seguro que no os olvidan…
    No tengo mucha información de este tipo de asistencia, pero este curso hemos tenido un caso de asistencia domiciliaria y lo que sí puedo hacer es confirmar lo que dices: entre los tutores y los profesores en casa hay bastante descoordinación y no se entiende muy bien esas supeditaciones entre unos y otros. Como dices, lo importante -como casi siempre- es vivir, es ser feliz y, después, aprender, compartir, reflexionar…

    Comentario por Marcos Cadenato — 28 marzo , 2011 @ 12:01 pm

  4. Y nosotros hemos sido alumnos leyéndote. Gracias, Bego, por lo que nos has transmitido y enseñado… Fue la mejor charla que escuché en Edublogs 2009.
    Una curiosidad: ¿la que está haciendo Bellas Artes, Esther, es la que no podía hacer las láminas de la de plástica?

    Comentario por Carlos Díez — 28 marzo , 2011 @ 12:50 pm

    • gracias a tod@s!, me siento como niña con zapatos nuevos ( es que es mi primera vez ;)). A tu pregunta Carlos, la respuesta es no. A Esther le tocó “bregar” con el profe de c. sociales, pero fue mi adorado e intocable Zigor quien tuvo que sufrir más la intransigencia y la poca, perdón quería decir la nula, empatía de nuestros compañeros.
      Reiteraros mi agradecimiento.

      Comentario por Bego — 28 marzo , 2011 @ 1:17 pm

  5. Bravo por Begoña. Si siempre se lo digo: ¡eres la la repera! Tuvo que ser duro comenzar a trabajar así pero seguro que cómo tú misma comentas, aprendiste un montón de cosas que te sirvieron después para bregar con los sinsabores de nuestra profesión. Lo dicho, muchas gracias Bego.

    Comentario por Cristina — 28 marzo , 2011 @ 1:50 pm

  6. Qué bonito post. Enhorabuena a @trestizas por la iniciativa de ceder la palabra y a Bego por la entrada.

    Comentario por Juan Carlos Guerra — 28 marzo , 2011 @ 2:30 pm

  7. Humano, demasiado humano… En cierta medida, todos hemos sido víctimas de un sistema que da excesiva importancia a la burocracia; quiero pensar que muchos de esos intransigentes quizá hayan sufrido alguna vez la decepción de una buena voluntad que se les giró en contra y eso les ha hecho impermeables a la emoción. La experiencia que cuentas, Bego, forma parte del lado singular y único de la educación, un oficio que nos hermana con los médicos, los bomberos… Ha sido un placer leerte.

    Comentario por Toni — 28 marzo , 2011 @ 4:03 pm

  8. Leer este post te ayuda a poner los pies en el suelo, gracias por compartir esta historia en este espacio.

    Comentario por Hautatzen — 28 marzo , 2011 @ 5:38 pm

  9. No comprendo cómo algunos docentes pueden mostrarse insensibles al dolor ajeno, más cuando quienes lo sufren son adolescentes o niños.

    A medida que iba leyendo tu experiencia me he ido imaginándo las situaciones que describes y no he podido resistir la tentación maniquea de poner a buenos y malos donde les corresponde.

    La enseñanza hospitalaria es otro mundo dentro de éste, pero algo desconocida. Tu experiencia nos ha abierto los ojos a muchos.

    Comentario por lenguablog — 28 marzo , 2011 @ 7:23 pm

  10. “imaginando”, ¿de dónde habrá salido la tilde?

    Comentario por lenguablog — 28 marzo , 2011 @ 7:28 pm

  11. Hola a tod@s y gracias por vuestros comentarios! en respuesta al comentario de lenguablog, te comento que lo que a mí me extrañaba y sigo sin comprender, era el no poder contestar a una`pregunta recurrente ¿pero esta gente no tiene hijos, hermanos, amigos… ? ¡Es que nadie está libre de que esto le pueda suceder! Además trabajamos con personas, no con tornillos.

    Comentario por Bego — 28 marzo , 2011 @ 8:52 pm

  12. La enseñanza puede ser gratificante. Gracias, Bego, por compartir esta experiencia en Tres Tizas.

    Comentario por Aster Navas — 29 marzo , 2011 @ 5:24 pm

  13. Bego, a pesar de las horas muertas que hemos pasado juntas esperando ser “adjudicadas” no conocía esta labor de “chatarra especial”, pasan los años y aún recuerdas nombres, caras y olores, mucho de especial y poco de chatarra tuvo que tener. Enhorabuena por tu post y por compartir tu humana experiencia en la fría red. Un saludo!!

    Comentario por Lorea — 29 marzo , 2011 @ 7:16 pm

  14. Bego no dejas de sorprenderme, excelente la experiencia, gracias por compartirla y recordarnos que hay otras realidades aparte de la nuestra.

    Comentario por Alazne Z. — 29 marzo , 2011 @ 7:20 pm

  15. Hola,Lorea! Tienes toda la razón,muchas horas muertas en “adjudicacion”, pero lo bien que lo pasábamos viboreando sobre la Administracion :). De todos modos te aclararé que la “chatarra espacial” no es la labor que realicé y que volvería a realizar bien contenta (si me garantizaran que no se me iba a morir ningún alumno, les llamo así a algunos queridos colegas que no ven más allá de su asignatura,libros, o folios amarillentos… ¡Bueno qué te voy a explicar qué tú no conozcas!

    Alazne, hay muchas,muchas cosas que no conoces de mí, y eso es divertido y emocionante. Si Continúo en el Instituto, tengo intención de seguir sorprendiéndote 😉

    Comentario por Bego — 29 marzo , 2011 @ 9:20 pm

  16. Gracias por compartir esta experincia, sabes contar y tienes mucho que contar. Cierto es que , a veces, nos alejamos del lado más humano de nuestro trabajo, seguramente por sobrellevar el día a día. En tu post me has regalado algo muy importante, una reflexión, lo importante que es estar ahí para que “ellos no pierdan muchos trenes”.

    Enhorabuena.

    Comentario por Manuela Virto — 29 marzo , 2011 @ 10:11 pm

  17. Begoña, se me han puesto los pelos de punta. A medida que he ido leyendo tus palabras, me he ido emocionando con lo que dejaban asomar. Creo que te ha tocado vivir una experiencia durísima y a la vez inolvidable. Y creo también que esos niños tuvieron suerte en que la profesora a la que un día llamaron desde Educación para cubrir este puesto fueras tú y no otra.
    Gracias, Begoña, por compartir tu experiencia y por mostrar una parte tan desconocida de la educación: la de los niños enfermos.

    Comentario por Silvia González Goñi — 30 marzo , 2011 @ 12:21 am

  18. La honestidad y la profesionalidad de una persona se pueden notar en un texto. En tu caso, Bego, desde la primera línea dejas claras esas virtudes. Has llenado la red de realidad y de humanidad: Red, realidad, humanidad…tres conceptos que no siempre van unidos. Tú eres maestra en ellos y nosotros tus alumnos.

    Comentario por Patxo — 31 marzo , 2011 @ 10:20 am

    • Patxo,sólo te puedo decir una palabra llena de sincero significado “gracias”. Creo que lo que me has escrito es lo más bonito que alguien me puede decir.

      Comentario por Bego — 31 marzo , 2011 @ 9:07 pm

  19. Un duro comienzo en la labor docente,pero un buen ejemplo de lo importante que es la empatía con los alumnos. Ahí tenemos el punto de conexión con ellos que a veces tanto nos cuesta encontrar.Desgraciadamente, también nos sirve para comprobar que, a pesar de los años que han pasado, la chatarra espacial sigue en los centros. Esos profesores que siguen mirando desde encima de la tarima a los alumnos mientras sueltan sus clases magistrales y cuando salen de las clases se quejan de que los alumnos no muestran interés ni aprenden nada.
    Ánimo a Bego y a todos para seguir en esta labor que muchas veces tiene sus gratificaciones.

    Comentario por Blanca — 2 abril , 2011 @ 10:30 am

  20. […] Crédito de imagen Te cedo la palabra de este mes de marzo es especial. Especial porque su protagonista, nuestra compañera Begoña Ruano, no es la protagonista sensu strictu… Especial, porque Bego …  […]

    Pingback por Aprendí a ser persona | Te cedo la palab... — 9 febrero , 2014 @ 9:04 pm


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