Tres Tizas

14 marzo , 2011

Sentido y sensibilidad

Filed under: La digestión de la boa, Tírame de la lengua — Etiquetas: , , , , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

Actualización 15-03-2011

Siguiendo la inicitiva de varios compañeros blogueros (Lengüetrazos, Ticdeplata, Hautatzen,) nos unimos  a la campaña:

Que este abrazo llegue a Japón. ¡Pásalo!

Ilustración de Ricardo Siri, Liniers.

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“Sin embargo, este asesinato tiene un elemento diferenciador. Un testigo de excepción: una niña de sólo cinco años que vela el cadáver de su madre durante la noche y, cuando se hace de día, sale de casa y encamina sus pasos al colegio para contar lo sucedido a sus maestros. Una amiga de la mujer, S.M., detalló la secuencia de los hechos. Visiblemente consternada, relató cómo «la niña ha llegado solita a la escuela y ha dicho que su padre ha matado a su madre y que estaba tirada en la cocina llena de sangre».” Cuando leía esta noticia en el periódico el jueves pasado, me vinieron tantas imágenes a la memoria que he intentado ordenarlas en este artículo.

Crédito de la imagen

Recuerdo que hace muchos años, una alumna de 2º de BUP, después de faltar a clase una semana, me entregó un papel en el que puede leer: “Mi hija ha faltado a clase por fallecimiento del padre”. “Lo siento mucho” –le dije- y me contestó un gracias con una sonrisa en los labios que jamás podré olvidar. No fue un gracias habitual, fue un gracias tranquilo, un gracias alegre, un gracias de liberación… Me atreví a preguntarle si su padre estaba enfermo o había tenido un accidente. “Se ha muerto de SIDA”, me respondió. Tocaba la Estructura del Sintagma Nominal y no pude quitarme de la cabeza aquella sonrisa de liberación entre los determinantes y los adyacentes…

Más recientemente un alumno de 3º de la ESO, una tarde, se levantó de su silla, se dirigió a mi mesa y me espetó: “Me cago”. Impulsado por no sé qué resorte, me levanté de inmediato y teatralizando mis palabras le dije –absolutamente indignado y moviendo convulsivamente las manos- que uno no se puede levantar cuando quiere, que hay que levantar la mano y pedir permiso para ir al baño, que hay que tener un poco de educación y que no se pueden decir en clase algunas cosas como se dicen en la calle”.  “Sí, sí… -me contestó- pero me cago…” Seguí con La tilde en los hiatos pero no podía olvidar aquel “sí, sí, pero me cago…

Estos dos pellizcos a mi memoria, junto a la información que antes he mencionado me han recordado algunos fragmentos de un programa de televisión –Hermano mayor de la generalista Cuatro en donde un exdeportista, Pedro García Aguado, ayuda a jóvenes violentos, rebeldes, agresivos a reeducar algunos hábitos de conducta a través de una serie de tratamientos y ayuda psicológica. En este caso, unas imágenes valen más que mil palabras. Observad, por favor los cinco primeros minutos y después seguimos conversando…

Desconozco los entresijos del programa de televisión (guionización, sobreactuación, pactos,  ficción, telerrealidad…) pero lo cierto es que son todos muy buenos actores. Vamos, ¡el Goya a la inadaptación está ganado! Es más, si esta chica es capaz de comportarse así en casa y con sus padres qué no será capaz de hacer en clase, con sus profesores y con sus compañeros. Es violenta, agresiva, rencorosa… No quiero imaginarme cómo sería una clase de Lengua con ella,  los problemas que acarrearía con todos los profesores, el infierno que podría llegar a ser el descanso –el recreo de toda la vida- compartiendo es media hora en el patio con sus compañeros… infernal, imagino. Todos hemos tenido algunas Rossanas en nuestras clases y sabemos lo difícil que resulta dar una clase en estas situaciones. Ni el tutor, ni la Jefa de Estudios, ni el director son capaces de hacer carrera de ella. Prácticamente es imposible soportar el día a día y se decide llamar a la Inspección educativa. La Delegación de Educación y la Inspección educativa insisten en que es una menor, que tiene derecho a una enseñanza obligatoria hasta los 16 años, que no se le puede expulsar, que hay que resignarse y que hay que aguantar… “Hay que aguantar”, esta última frase siempre queda flotando en el despacho de dirección, al colgar el teléfono.

Y este no es un caso aislado. Veamos el caso de Javier, un chico agresivo, caprichoso, tirano, obsesivo… Pero, como en el caso anterior, una imagen… Veamos los  primeros cuatro minutos y medio con atención.

Tras ver lo que es capaz de hacer en su casa y a sus padres, imaginemos a Javier en una clase de 3º de la ESO y al profesor de Lengua explicando en clase, pongo por caso, la estructura de la oración simple. ¡Simple! Simplísimo sería pretender que a Javier le interesara la estructura del sintagma nominal y el sintagma verbal. Bastante tiene con lo que tiene encima… Y, no nos engañemos, a este tipo de alumnado es muy difícil –prácticamente imposible- engancharle con técnicas de comprensión oral o escrita, con desarrollo de competencias básicas, enfoques comunicativos y trabajo por proyectos. Suficiente esfuerzo hacen algunos profesores para mantener un cierto orden en el aula que le permitan impartir algunos contenidos y procedimientos elementales.  Cansados estamos de verlo en la televisión y en el cine; en las películas al menos suele conseguirse algún avance  e incluso hay finales felices… No nos engañemos, este tipo de alumnado existe,  es –tristemente- real, está en nuestros institutos y las más de las veces el profesor no sabe qué hacer con él. No estamos preparados –la mayoría- para tratar en una clase ordinaria con estos jóvenes inadaptados y violentos y los recursos que los diferentes departamentos educativos nos ofrecen dejan mucho que desear…

Los profesores enseñan; los padres educan es una frase que se suele oír con bastante frecuencia. Y yo estoy de acuerdo con ella: la Educación es primordial, necesaria, principal; después vendrá el proceso Enseñanza-Aprendizaje con sus luces y sus sombras, con sus caídas y sus remontadas.  Es imprescindible que muchachos como éstos tengan aprehendido un sistema de valores, de principios vitales, de enseñanzas sociales que, de ninguna manera, se consiguen en el aula. O los traen ya de casa o es muy difícil empezar de cero. Los padres son los primeros maestros. Los profesores reforzarán esos principios y añadirán otros, pero la base está implantada en sus casas, en ningún otro sitio.

Y mientras tanto, ¿qué pueden hacer los profesores y sus compañeros?, ¿qué pueden hacer los padres y los hermanos? Hacer, hacer, lo que se dice hacer, realmente poco; intentar comprender la situación vital por la que atraviesa esa personita, tratarla con exquisita educación, ponerla en manos de profesionales y expertos en conflictos y, sobre todo, tratarla con mucho sentido y con mucha mucha sensibilidad. Básicamente, sentido y sensibilidad

Marcos  Cadenato

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20 comentarios »

  1. Todos hemos tenido o tenemos alumnos con un perfil agresivo y violento, pero no sé si en todos los casos se justifica su actitud por la educación recibida en casa. No creo que exista una relación causa-efecto en todos los casos.
    Con los años, he visto que la sociedad (no la escuela, ni la familia) pone a cada uno en su lugar. Alumnos difíciles y rebotados en el instituto rehacen sus estudios años más tarde en busca de un trabajo mejor. En su momento, en el instituto, eran dueños de una parcela importante de su mundo (colegas, amigos, profes incluidos) y se sentían dominadores. Fuera del instituto, en el ruedo social, dejan de ser lo que eran y tienen que apaciguar sus formas, sus comportamientos…

    Desconocía estos programas de televisión, tengo que ver con más calma las historias que cuentan y el enfoque para valorar su “eficacia”. A priori, el exhibicionismo de ciertas actitudes me parece reprobable.

    Comentario por Lu — 14 marzo , 2011 @ 1:42 pm

    • Mi intención, Lu, no era mostrar cómo son estos programas -desconozco la utilidad real de los mismos y el grado de veracidad- pero sí quería hacer una reflexión pública sobre un tipo de alumnado que todos hemos padecido alguna vez en un aula. No se trata de apartarlos del sistema, pero ni un centro normal ni las autoridades educativas suelen resolver este problema. ¿Responsables? probablemente todos: familia, escuela, sociedad, televisón… pero, aunque el tiempo o la Sociedad los coloque en su sitio, durante ese proceso dejan mucho dolor, muchas lágrimas y muchos problemas físicos y psíquicos... y éste programa de televión me los ha recordado. Gracias por participar en el debate.

      Comentario por Marcos Cadenato — 14 marzo , 2011 @ 2:29 pm

  2. ¿Podemos hacer algo? Si tratamos a estas personas con “sentido” y “sensibilidad” es probable que acabemos frustrados y con sentimiento de culpa porque por mucho que rebobinemos “El club de los poetas muertos” y “Los chicos del coro”, la realidad no es que supere a la ficción, es que es completamente diferente, y no basta con la buena intención del docente. Podemos innovar la forma de dar la sintaxis o la manera de tratar el Carpe Diem, pero no estamos preparados para actuar como “Hermano Mayor”. En primer lugar, porque la solución a los problemas de los adolescentes conflictivos pasa con convivir con ellos en sus casas,… y eso ya me parece excesivo. Mientras tanto, en los cursos de la ESO, dos o tres en cada clase ralentizan el proceso de aprendizaje de los demás. Mi experiencia me dice que un centro educativo convencional supone una pérdida de tiempo y energías, tanto para ellos como para sus compañeros como para los docentes. Pero…¿quién le pone el cascabel al gato?
    Saludos.

    Comentario por Hortensia Lago — 14 marzo , 2011 @ 11:17 pm

    • Éste es el auténtico debate, Hortensia. ¿Quié le pone el cascabel al gato? preguntas y yo no sé responder quién, pero sí creo que no debe ser el profesor de Lengua o el de Matemáticas. Tampoco creo que las direcciones de un centro estén preparadas -no son gestores, no son profesionales de la dirección-. Si sigo subiendo ascenderé a la Delegación de Educación, al Ministerio correspondiente y tampoco lo tengo claro… Pero algo sí tengo menos turbio -y es mi humilde opinión- aunque a veces cueste y sea muy difícil tenemos que tratar a este alumnado como no le trata ni la familia ni la sociedad, es decir, de ahí la metáfora: con sentido y sensibilidad…

      Comentario por Marcos Cadenato — 15 marzo , 2011 @ 12:29 am

  3. Compañero, me has puesto mal cuerpo. Seguro que hay cierta dosis de televisión, pero no creo que se vaya mucho de la realidad. Los vemos en el aula, agresivos y autosuficientes, sin ningún temor, sin ningún rencor. Ellos mismos afirman que en sus casas se portan igual o peor, de modo que, como afirmas, poco margen nos queda para ¿educar? ¿formar? Una vez uno de ellos, al que pregunté si en su casa su padre no le metía una hostia cuando contestaba así, me dijo: “Maestro, ojalá a mi padre le importase algo cómo me comporto”. Es terrible y no sé si, como dice Lu, la sociedad los templa; creo que más bien acaban siendo carne de cañón.

    Comentario por Toni — 14 marzo , 2011 @ 11:54 pm

    • Lo siento mucho, amigo Toni, es cierto: a mí también se me puso mal cuerpo cuando vi a estos jóvenes cómo desprecian a sus padres, cómo los maltratan, como les llegan a agredir… y, evidentemente, el Hermano Mayor no es la solución. Hacer espectáculo, poner lentejuelas en una situación dramática y difícil no me hace ninguna gracia… Mi intención era meter el dedo en esa llaga que sólo sale en los periódicos dominicales y listo… ¡Ya lo hemos publicado, ya lo sabemos, ya está…! Y no está; sólo lo sabemos quienes estamos en las aulas con chicos y chicas como estos…
      Tampoco sé yo si la sociedad los doma, pero muchos acaban en boca de mi maestro: “Hoy venía en el diario el careto del más alto, no lo había vuelto a ver desde aquel día; escapaba del asalto al chalé de un millonario y en la puerta le esperó la policía. Mucha, mucha policía…

      Comentario por Marcos Cadenato — 15 marzo , 2011 @ 12:40 am

  4. Hace años, compañero, que no tengo -sufro- casos comos los que describes. El centro está lejos pero es un auténtico “balneario”.
    Subrayaría, sin embargo, Marcos, algo importante: cuando tienes un alumno de ese tipo entras ya tenso al aula y, lo que es peor, no desconectas después del timbre.
    No tengo muy claro los límites que marcas entre formación y educación. Me costaría saber dónde terminan las competencias de los padres y empiezan las nuestras.

    Comentario por Aster — 15 marzo , 2011 @ 12:47 am

    • Aster, cuando se tiene la suerte de estar en un balneario, se disfruta, se trabaja, se goza, se aprende, se agradece… Cuando no, el infierno puede ser terrible y no puede depender de la suerte… Quizá un post sea poco espacio para expresar lo que siento y lo que pienso y, aunque esté equivocado, creo firmemente que los primeros maestros son los padres… Los valores básicos -igual que las competencias básicas de la Escuela- se adquieren con la familia, en la calle, con los amigos, en el pueblo… y el profesor procura y, las más de las veces lo consigue, fortalecer esos principios y añadir algunos más que considera necesarios. El Sintagma Nominal se lo explico yo, amigo mío; el respeto al otro, el derecho al silencio, la obligación de acatar ciernas normas, el goce cultural… espero que primero lo mame en casa y yo me encargue de aumentarlo, de diversificarlo, de ampliarlo… Es sólo un deseo -claro- pero lícito, creo…

      Comentario por Marcos Cadenato — 15 marzo , 2011 @ 1:17 am

  5. La frase que recoge Toni es reveladora: “… ojalá a mi padre le importase cómo me comporto”. Aunque generalizar es un riesgo en estos casos, creo que a menudo detrás está esa frase. Bien por incompetencia-ignorancia (no saben cómo), por dejadez-comodidad, por imposibilidad (muchas horas fuera de casa trabajando)o porque ya los propios padres no han sido educados. Habrá que habilitar cauces para “educar” a las familias, facilitarles esa formación (flexibilizando horarios) u obligarles (a veces no queda más remedio que la sanción). Si aparcar mal o ir a más de 110 supone una multa, aparcar “mal” al hijo tiene que suponer un desembolso mucho mayor. Y más -y estos son los casos que más me duelen- cuando esos padres ponen como excusa el que no se pueden ocuparse de ellos como quisieran, porque están trabajando todo el día… para el Audi, la casa en la playa, el móvil de última generación…
    PD. Algún curso me hubiera gustado disponer del recurso de “dos profes en aula”… y que el otro fuera el hermano mayor, ja.

    Comentario por Carlos Díez — 15 marzo , 2011 @ 9:18 am

    • Sin duda, en mayor o menor medida -desconozco lo que dicen los psicólogos- estos comportamientos agresivos en clase se suelen corresponder con actitudes de desamparo, descuido o desatención absoluta de los hijos por parte de sus padres. No seré yo quien les reproche nada a esos padres, tampoco quien los justifique. La realidad es la que es y, si muchos padres se encuentran indefensos para tratar a sus hijos, ¡cómo estarán algunos profesores! Es más, muchísimas veces hemos comprendido el comportamiento de un muchacho cuando hemos coincidido con él en la Jefatura de Estdios en la hora de Tutoría…
      Insisto: mi solución no es el Hermano Mayor -¡válgame, dios!- pero sí es necesario sacar a luz este problema en los centros, en los Consejos Escolares para que lleguen a quien tengan que llegar y no sólo sean motivo de unas cuantas páginas a todo color en un suplemento dominical.

      Comentario por Marcos Cadenato — 15 marzo , 2011 @ 9:37 am

  6. Curiosamente vi el último programa zapeando porque a mi compañera no le gustaba el programa, sinceramente no sé en que se diferencia de “Super Nanni” que tanto le engancha.
    Tu texto me ha recordado dos o tres personitas que conocí hace tiempo, y creo necesitan un tratamiento especializado basado en el sentido y la sensibilidad que todos los adultos que les rodean carecen por agotamiento. Creo que uno de los mayores problemas de estas criaturas es que todo el mundo ha tirado la toalla con ellos, no es para menos, pero eso es un problemón. Yo soy partidario de firmeza y cercanía, pero mucha.

    Comentario por Gorka Fernández — 15 marzo , 2011 @ 6:55 pm

    • Me alegra mucho leer tu participación, Gorka. Sé que tú especialmente -todos cuantos habéis pasado por un Centro de Iniciación Profesional (CIP)- habéis tenido que trabajar con aquellos alumnos que han sido reconducidos desde centros reglados y al uso, cuando se han tirado todas las toallas… Vosotros las soléis recoger, soléis animarlos y conseguís grandes logros -y no sois ningún Hermano Mayor- con mucha firmeza (sentido) y mucha cercanía(sensibilidad). El día a día puede ser muy problemático, pero se necesitan políticas y medidas educativas firmes, constructivas e integradoras…

      Comentario por Marcos Cadenato — 15 marzo , 2011 @ 7:29 pm

  7. Marcos,
    lo que yo no entiendo es que como se puede llegar a los 16-18 años con tan mala hostia. Algo ha debido pasar -fallar- que ha desembocado en esa actitud. Habría que analizar todos los aspectos (familiares, sociales, políticos, escolares…) y daríamos con la clave pues todos tienen responsabilidad. Ser así es muy complicado,nadie nace así.

    Comentario por Patxo — 16 marzo , 2011 @ 1:12 am

    • Supongo que esa actitud y ese comportamiento responde a un cúmulo de errores en la cadena social: familia, escuela, sociedad… Lo cierto es que adolescentes así llegan a nuestros centros y ni los profesores, ni los padres, ni las direcciones ni la Delegación saben qué hacer… Y algo habrá que hacer y pronto, ¿no?

      Comentario por Marcos Cadenato — 16 marzo , 2011 @ 9:31 pm

  8. Me he quedado conmocionado tras ver los dos vídeos. Me pongo en la posición de los padres y me estremezco. También en la del profesor que los haya podido tener el clase. Creo que no he encontrado nunca un perfil semejante. Sí malos modos, falta de educación, agresividad verbal… pero no hasta ese extremo. No sabría cómo actuar. Y no sé qué puede haber fallado. Yo sé que la educación es un proceso duro para el que hace falta tenerlos bien puesto, no se puede dejar que el hijo se superponga como el aceite en la convivencia familiar, hay que cortarlos desde pequeños. Ahora bien, leí un libro que se titulaba El mito de la educación cuya tesis era de “que los hijos salen como salen” independientemente del tipo de educación que hayan recibido. He conocido alumnos con vidas terroríficas con padres drogadictos y madres prostitutas que han salido adelante solos y participan en movimientos solidarios con convicción e importante implicación. También he conocido hijos mimados con todo lo necesario para tener una vida más que digna que eran déspotas y maleducados, caprichosos… El ser humano es imprevisible. Creemos que la educación lo es todo y sólo es una parte en un azar misterioso. Nos gustaría pensar como dice Hortensia Lago que puede darse un caso como el de Los niños del coro, pero no sé si ello es tan teleficción como estos realityshows que nos has mostrado y que describen una realidad espeluznante. ¡Qué horror! Creo que se lo pasaré a mis alumnos para que ellos juzguen. Puede ser una propuesta muy motivadora para hablar de la educación. Gracias por compartirlo.

    Comentario por Joselu — 16 marzo , 2011 @ 11:41 am

    • Gracias a ti, Joselu, por participar en el debate. Yo también me quedé pegado a la tele cuando vi unos fragmentos de este programa mientras comía. Y me hice la misma pregunta que tú: qué pueden hacer esos padres y, sobre todo, qué pueden y qué deben hacer sus profesores. ¡Es un auténtico infierno…! Y no supe salir de él. No sé realmente qué se podría hacer, pero reconocer que hay un problema ya es un comienzo… Seguramente, mostrar estas imágenes en clase pueda servir para evitar nuevos casos y seguro que puede fomentar un buen debate. Ya nos contarás.

      Comentario por Marcos Cadenato — 16 marzo , 2011 @ 9:29 pm

  9. Alguna vez veo el programa “Hermano mayor” y me quedo horrorizada con las situaciones que viven algunas familias con sus hijos adolescentes, y no puedo evitar preguntarme si habrá algún caso similar entre mis alumnos. Y sí, lo hay. Esta semana nos han comunicado el caso de una alumna de 2º de ESO, aparentemente tranquila aunque algo mentirosa, que insulta a su madre en la calle y cuyo padre se deja pegar por ella para que, según sus palabras, “se calme un poco un poco y luego pueda hablar con ella”. La noticia ha impactado entre el profesorado y ha dejado un gran poso de tristeza, preocupación e impotencia. ¿Qué podemos hacer nosotros desde el aula cuando la propia familia acepta el hecho como algo normal? Todavía lo estamos reflexionando.

    Comentario por Silvia González Goñi — 16 marzo , 2011 @ 1:08 pm

    • Casos similares, Silvia, yo -afortunadamente- no he tenido, pero te puedo asegurar que los hemos sufrido en mi centro. He visto volar teléfonos sobre la cabeza de la Jefa de Estudios, he visto a la Policía unas cuantas veces en el instituto, he visto amenazas, agresividad, insultos y malas conductas… Padres comprensivos con las conductas de sus hijos, profesores llorando… No sé, yo tampoco tengo soluciones, pero, con toda sinceridad, creo que no se está haciendo ni lo suficiente ni nada efectivo. Aguantar no es la solución, desde luego…

      Comentario por Marcos Cadenato — 16 marzo , 2011 @ 9:41 pm

  10. […] de superación solo apta para los más valientes o sumisos. Hace unos días leía el siguiente post Sentido y sensibilidad (Tres tizas),  en el que pasando del llanto a la risa para terminar de nuevo constreñido,  se reflexionaba […]

    Pingback por Temores y sorpresas « conlalengua acuestas — 25 marzo , 2011 @ 9:36 am

    • Gracias, Lorea, por la mención.

      Comentario por Marcos Cadenato — 27 marzo , 2011 @ 11:07 pm


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