Tres Tizas

1 marzo , 2010

La Mentira

Filed under: Blog, Como la vida misma — Etiquetas: , — Gorka Fernández @ 10:12 am

Crédito de la imagen

Recién iniciado el pasado mes, desayunaba fuera de casa al estilo andaluz con tostada de “pan prieto”, aceite, tomate y jamón, cuando una noticia del periódico me produjo tal indigestión que confirmaba el refrán “febrerillo el orate, cada día un disparate”. Me encontré con las siglas del nombre de un muchacho que hasta hace poco había tutorizado; lo habían detenido por un delito contra la salud pública (eufemismo jurídico para nombrar la ilícita actividad de un traficante).

El pasado año trabajé como Técnico de Medio Abierto, mis funciones eran las de un educador-psicólogo-jurista-padre-policía de menores con medidas judiciales no privativas de libertad, es decir, que no son internados en centros de reforma. El muchacho de las siglas fue un de mis primeros “casos”.  Había cumplido mal una medida cautelar por un delito de la misma naturaleza con una compañera y ahora me tocaba a mí, en este caso con sentencia firme, y por haber conducido en dos ocasiones sin licencia. El inicio fue bueno: acudía escrupulosamente a los encuentros; se mostraba comunicador; asumía su responsabilidad de no vender sustancias nocivas y reconocía lo difícil que se le hacía ir en bicicleta a todos los sitios. Pero llegó un día en el que aquella impuesta sinceridad y aceptable progresividad se acabaron. En una sesión planificamos la búsqueda de empleo y realizamos su currículum, primero lo escribió en sucio. Me llamó la atención su afición a colocar haches al inicio de palabras como “académica”  u “ocupacional”, me respondió que lo hacía porque quedaba bien. Posteriormente pensé que su cadencia al engaño y silencio le convertía en fanático de la letra muda como simbolismo de su carácter ocultista. Al final de dicha sesión cuando en el aparcamiento ordenaba algún papel, por el retrovisor vi cómo el menor de las siglas cogía un coche cercano y con maniobras propias de un experto conductor se marchaba. Durante dos encuentros más observé sin desvelar nuestro encuentro fortuito y en medio de la sesión le solté un “¡Tú mientes!”, le expliqué, y sorprendido con cierta vergüenza, se sinceró. Nos volvimos a distanciar, pasamos por un tiempo tenso en el que llamé a consultas a la madre, la situación familiar era caótica y desesperada. Aquella mujer había arrojado la toalla, si es que en algún momento la sostuvo, se palpaba una indefensión paralizante, confirmó muchas de las experiencias personales traumáticas que el muchacho me había relatado. El padre “no existía” desde hacía cinco años y hablar de él alteraba sobremanera al muchacho. Aquella tercera oportunidad, una atención más integral y el aumento de las visitas posibilitaron el acercamiento; poco a poco volvió la tranquilidad, la responsabilidad del menor con su medida fue en aumento, asistía a un curso de Educación Vial y empezó a ir a una autoescuela. Durante todo aquel tiempo de reestablecimiento de la confianza, él había continuado con sus ilegales negocios parafarmacéuticos.

A principio de febrero volví a tener esa sensación que a veces nos provocan algunos jóvenes, ese amargor derrotista, descorazonador y humillante que nos dejan sus mentiras.

Como explicación a estas conductas enumero diez claves para analizar sus carencias emocionales y problemas de conducta que se dan durante la infancia de estos jóvenes.

Gorka Fernández

“Pero aquel muchacho tenía en la mirada la cicatriz de un sentimiento que ya casi había olvidado: la añoranza”
Alberto Méndez (Los girasoles ciegos)

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