Tres Tizas

11 junio , 2009

Un poquito de por favor

Filed under: Blog — Etiquetas: , , — Aster Navas @ 8:00 am

A menos de dos kilómetros de la clase de 2. ESO- C de la que acabo de salir –escapar, deberíamos decir si no queremos faltar a la verdad- con los pelos como escarpias, el silencio se oye. Una placa de cerámica lo afirma rotundamente sobre la fachada de un caserío centenario. Ahí mismo: apenas a diez minutos de esta sala de profes donde he buscado refugio.

. El silencio es, antes que nada, un punto de partida.

No hay nada más elocuente que el silencio. Sin embargo apenas lo trabajamos en el aula donde se concibe –craso error- como una premisa, como un producto prefabricado: exigimos el silencio, amenazamos –resulta triste decirlo- para conseguirlo.

Boris Mir, en un post excelente, concluye que el silencio en clase debería ser siempre una creación colectiva: el silencio lo hacemos juntos pensando, trabajando, escuchando, aprendiendo…

No hay, por otro lado, nada peor que una clase silenciosa y apática para el aprendizaje de las lenguas. Santos Guerra en Silencio: comienza la clase de lengua nos muestra esta paradoja en que nos movemos. Sólo el tiempo nos ayudará a administrar de una manera más o menos correcta esa actitud de escucha que surge o que, con muchísima suerte, provocamos en el aula.

. El silencio es un signo lingüístico de un enorme -iba a decir valor- poder semántico: somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.

Algo –es urgente- deberíamos hacer para que los alumnos comprendan esos múltiples significados, para iniciarles en ese código imprescindible; para que sientan el silencio como una necesidad, como un derecho justo e irrenunciable; como la posibilidad de escuchar y ser escuchados.

Se admiten sugerencias.

Aster Navas

12 comentarios »

  1. Aster, has abordado -bordado diría yo- el tema del silencio en la clase desde variados puntos de vista, -todos muy sugerentes- asi que poco queda por añadir. Sin embargo, no me resisto a recordar aquí una idea básica que, frecuentemente, veo que se incumple en las aulas: nunca hables/grites más alto que tus alumnos; no combatas los gritos con más gritos; silenco llama a silencio… Tu post me ha recordado una famosísima aliteración que siempre explicamos en Lite: “en el silencio sólo se escuchaba…” y el magnífico título de Juan Ramón, La soledad sonora. Construyamos clases en silencio sonoro o en sonoridad silenciosa

    Comentario por Marcos Cadenato — 11 junio , 2009 @ 9:28 am

  2. Estupendo el artículo y los post enlazados: los distintos tipos de silencio y esa frase que destacas de Boris Mir.
    Se aprende con el diálogo, pero el diálogo, como la música , “es el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios” (definición de Wikiopedia; curiosamente, en la definición de “música” de la RAE no aparece el término silencio). El silencio del que escucha a las personas con las que dialoga, el silencio del diálogo con uno mismo, el silencio reflexivo.
    Una anécdotilla (que estamos ya en junio): mi hija se tiró el primer año de vida llorando y enlazó el llanto con la verborrea. Un día le pedí que callara. Y le dije: “escucha… ¿qué oyes?” “Nada”, me contestó. “Pues eso es el silencio”. Y la muy jodida me dijo, mientras salía corriendo entusiasmada de la sala, “Vamos a buscarlo”.
    PD. En el Mendigoikoa comí hace años un excelente lomo de corzo. Pero nada comparable con el huevo del Boroa (por el huevo y por la compañía, Aster). Y disculpad que me haya enrollado tanto.

    Comentario por Carlos Diez — 11 junio , 2009 @ 9:52 am

  3. Tienes, Marcos, toda la razón. Pero ese descubrimiento -el silencio se retroalimenta- sólo lo descubrimos a fuerza de años.
    Hay un libro de Donald L. Finkel,Enseñar con la boca cerrada, publicado por la Universidad de Valencia, que insiste en muchas de sus páginas en la importancia de lo que tú señalas en tu comentario.
    Pinchad en este enlace porque creo que es un título que merece la pena.
    Por cierto, buenísimo el blog de Santos Guerra.

    Comentario por Aster — 11 junio , 2009 @ 11:54 am

  4. Gracias, Carlos.
    Recuerda que sólo los niños y los borrachos dicen la verdad. En el fondo, el silencio “hay que ir a buscarlo”; no se encuentra tan fácil.

    Pienso en ese huevo, compañero, y aún se me saltan las lágrimas. Excelentes momentos. Hay que fijar -ya- la fecha de una nueva cumbre.

    Comentario por Aster Navas — 11 junio , 2009 @ 12:04 pm

  5. Si necesitas exigir silencio, es porque te estás equivocando en algo. Ante una tarea, lo normal sería que el silencio razonable viniese de manera natural. El problema es que una tarea habitual del profesor es soltar largas parrafadas que aburren a las ostras (me incluyo, por supuesto); de ahí que los alumnos reaccionen con ruido.
    En los últimos cursos me he acostumbrado a los ruidos (o los silencios) razonables de las aulas de 2º de ESO. Antes, cuando daba 1º de ESO, me costaba un montón controlarlo y sólo lo conseguía proponiendo como reto (bajo apuesta de chucherías) mantener periodos crecientes de silencio, a partir de un silencio inicial de cinco minutos. Increíblemente, funcionaba la mayoría de veces, e incluso ellos mismos lo pedían. Un saludo.

    Comentario por Antonio — 11 junio , 2009 @ 11:09 pm

  6. Muy bueno Marcos. Cuando empezaba mi andadura en este oficio, me sorprendió descubrir que había chavales que no soportaban el silencio, que necesitaban el sonido o el ruido de fondo permanentemente. El silencio puede producir vértigo a quien no suele escucharlo.

    Comentario por lbarroso — 12 junio , 2009 @ 1:24 am

    • En el fondo tienen horror vacui. Sus habilidades sociales, también el silencio, no están desarrolladas.
      Gracias

      Comentario por Aster Navas — 12 junio , 2009 @ 11:18 am

  7. Siempre que vengo por aquí aprendo algo importante. El silencio como producto conseguido, no como una premisa. Esas clases de primero y de segundo tan ruidosas, con tanta algarabía. Antonio da una idea sugerente cuando habla de periodos crecientes de silencio a partir de silencio inicial de cinco minutos. Ellos anhelan el silencio pero están tan alterados, tan descontrolados, ¿hormonados? que les cuesta hacerlo presente. Me alegra saber que tenemos problemas semejantes sobre los que reflexionamos juntos.

    Comentario por Joselu — 12 junio , 2009 @ 11:00 am

    • Seguro, Joselu, que lo anhelan y lo necesitan tanto como nosotros. Me olvidaba, sí. -y más en junio- de las hormonas.
      Un placer compartir problemas comunes.
      Gracias, Joselu

      Comentario por Aster Navas — 12 junio , 2009 @ 11:24 am

  8. Gracias, Antonio.
    Me apunto tus propuestas y el año que viene, entre el material fungible para el departamento, deslizaré unos kilos de chuches.
    Veo que coincidemos en la idea del silencio que se retroalimenta y “crea adicción”.
    Empezaré con esos cinco minutos.

    Comentario por Aster — 12 junio , 2009 @ 11:14 am

  9. Creo que solo se enseña el poder del silencio, si se enseña a hablar. Deben saber que la bilblioteca, la sala de audiovisuales…son espacios para estar en silencio y que el aula es un espacio para dialogar, participar, hablar… y mucho, por eso hay que potenciar sin miedo esas metodologías de trabajo: por qué , cuándo y cómo hablar…

    Comentario por Patxo — 12 junio , 2009 @ 11:27 am

  10. Tal vez, Patxo, ese sea el problema; el objetivo: enseñar y aprender a hablar.
    Hoy -perdona que te responda tan tarde- leo en la prensa que los profes “perdemos” el 16% del tiempo de clase “poniendo orden”.

    En fin.

    Comentario por Aster — 17 junio , 2009 @ 9:07 am


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