Tres Tizas

7 mayo , 2009

Al cómic… porque se lo debo

Filed under: La digestión de la boa — Etiquetas: , — Carlos Diez @ 8:30 am

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Siempre he sido un aficionado a los cómics, desde niño; de devorador de tebeos en los 70 al cómic europeo de Moebius, Manara, Hugo Pratt, F. Bourgeon… e incluso al manga, pasando por los superhéroes de la Marvel, el underground de Roger Crumb, el Makoki del Víbora y el Mercenario de Segrelles en el Cimoc. Sin olvidar, por supuesto, a Asterix, Tintín, Mafalda, Snoopy, las Sturmtruppen… Incluso me interesé por la historia del cómic y, todavía sin los adelantos de Internet, descubrí a Yellow Kid y a Little Nemo en el País de los sueños.

Tal vez por eso nunca me ha gustado usarlo -aunque lo he hecho y a veces con buenos resultados- como sustituto o paso previo a una lectura más “seria”. En mi biblioteca de aula alternan libros con cómics, sin partir de la premisa de que el cómic es más fácil de entender que un libro. Es más, creo que, como para la publicidad y el cine, en la comprensión y disfrute del cómic opera no sólo la competencia lingüística, sino también la competencia semiológica. Por eso creo que no debe usarse sólo como un recurso para adquirir destrezas lectoras, sino como una manifestación artística con entidad propia en la que se integran diferentes lenguajes y códigos iconoverbales.

Y ¿de qué material actual disponemos para trabajarlo? Así como la literatura denominada “juvenil” ha crecido en los últimos veinte años de una manera desorbitada -el problema ahora es la selección de obras de calidad-, casi no hay cómics dirigidos a jóvenes. Intentando incubar la afición en mi hija de 10 años he comprobado que la oferta es casi nula. Habrá -como decía Patxo– otros “estímulos más emocionantes“… (léase Nintendo, Play, Wii). O acudo a los mismos tebeos que leía yo con esos años, ¡como si no hubiera pasado el tiempo, qué dislate!, o a un tipo de cómic que por su contenido es para jóvenes de más edad. Quedan Yotsuba y algún otro manga, las Witch y Bone, el más recomendable. Con este último he trabajado alguna vez en el Primer Ciclo; para el Segundo Ciclo he usado, entre otras, las historias de Quotidiana delirante y Crónicas incongruentes de Migel Anxo Prado, los Paracuellos de Carlos Giménez,  el Maus de Spiegelman y Persépolis de Marjane Satrapi.

Pero, aunque no lo parezca, el propósito de este artículo no es hacer un recorrido por la historia del cómic o sus posibles usos educativos, que los tiene y muchos. Sino presentar unas pocas creaciones de un ex-alumno a quien tuve la suerte y el privilegio de enseñar algo de lengua y literatura en 3º y 4º de E.S.O., antes de que se fuera a cursar el bachillerato artístico. Y se lo debo porque casi suspende Lengua por no manejar suficientemente la sintaxis, ya que en 4º la estudiamos rápido y mal, perdimos el tiempo leyendo cuentos de Blasco Ibánez, viendo y comentando “Un perro andaluz” de Buñuel, o “El verdugo” de Berlanga, y charlando en los pasillos más de cómics que de subordinadas sustantivas.

Y ¿cómo justificar esta entrada en un blog relacionado con la educación y las TIC? Aunque sólo sea por la invención del correo electrónico, que me ha permitido seguir en contacto con este exalumno- y disfrutar de sus dibujos, su evolución, sus recomendaciones… y de su amistad. Se lo debo, se lo debía: al correo electrónico que permite adjuntar archivos; a los cómics, por los buenos ratos que me han hecho pasar; y a mi alumno, por hablar con él más de cine, libros y tebeos que de adverbios y proposiciones.

No me resisto a acabar el artículo sin recoger algunos enlaces de compañeros y de recursos que hay en la red para crear cómics; bueno, la parte “fácil” del cómic, la gráfica…; el guión, la parte más creativa, sigue corriendo a cuenta del usuario.

Carlos Diez

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