Tres Tizas

23 marzo , 2009

LA INGRATITUD ¿UNA POSE?

Filed under: Como la vida misma — Patxo Landa @ 10:15 am

clavo

Aprovecho la línea editorial abierta por Carlos en el post anterior para continuar reflexionando sobre el devenir emocional de los alumnos.

Los que leéis esta bitácora ya conocéis mi perfil (quizás cuestionable pero no criticable): un natural optimismo, una tenaz búsqueda de los caminos más eficaces para conseguir los objetivos comunicativos de la lengua, asunción de la propia imperfección y de la de los alumnos para tomar el error como un punto de partida y no como un problema…

Pues, a veces, esas convicciones de hierro se funden para hacerse clavo.

Tengo un curso de 4º con muchos alumnos que consideraba impecables en todos los niveles (respetuosos, con ganas de aprender, con buena base y buenas capacidades…) pero sin esperarlo todo ha cambiado y ahora no me resulta nada agradable entrar en esa clase En mi opinión, es debido a dos factores:

  1. una mala interpretación de mi metodología (con mucha producción y una evaluación moderada, con propuestas que buscan desarrollar su autonomía, con una valoración casi siempre positiva del alumno para animar a los de ritmo más lento…)
  2. una continua e irritante comparación y competición entre ellos y sus trabajos.

En el ambiente se nota una actitud negativa hacia mi forma de dar las clases y ahoran buscan continuamente el fallo para fiscalizar (fallo que encuentran, claro, en una tilde que no he corregido al mirarles el cuaderno, en un anacoluto que he puesto en la pizarra, en un nombre de un alumno que he escrito mal en uno de sus trabajos que venía sin nombre, en un comentario en voz alta mal entendido…) De paso, los alumnos con peor rendimiento han encontrado una coyuntura favorable para justificar sus resultados y se suman a la ingratitud general y me “acusan” de ser subjetivo y poco trabajador porque no respondo a todas sus preguntas. Los que están a gusto no se atreven a abrir la boca. ¡Angelitos míos!

Además, tengo la sensación de haber perdido demasiados minutos hablando con ellos (en grupo e individualmente) pues el avance ha sido cero y la presión del grupo ni se ha relajado ni tiene visos de hacerlo ya.

Sólo me queda ya el dudosos argumento de que hay que hacer esto y esto y punto y para mañana, y ese texto ya sé que no tiene mucho rojo pero se merece un seis porque lo digo yo, o mejor, vamos a hacer sólo gramática (sota, caballo y rey). Otra desagradable alternativa sería echar a algún alumno (cosa que he hecho en contadísimas ocasiones).

Por otro lado, mi relación con el resto de grupos es muy buena y sigue siendo un placer ir a clase y notar que la hora se les pasa rápido y que ésta transcurre por caminos de trabajo, confianza y comprensión.

En conclusión, sólo espero que ese puntual desdén y esa ingratitud sean una pose adolescente pues de no ser así, la Escuela, que debe potenciar valores solidarios no valores competitivos, habrá fallado. Y espero también que si algún otro profesor siente algo parecido tenga foros como este blog donde compartir estos tragos de sabor amargo y curar estas pequeñas heridas.

Patxo Landa

11 comentarios »

  1. Creo que los grupos pueden hacer mucho daño pero a solas no dicen lo mismo que con los compañeros y allí podrás ver qué hay de cierto en sus quejas, qué es una pose, y sin duda, son adolescentes, seguro que lo agradecen mucho más de lo que parece porque por definición todo lo que propone el profesor es horrible

    Comentario por eduideas — 23 marzo , 2009 @ 12:42 pm

  2. Amigo mío, creo que has dado en el clavo: sí, la ingratitud es una pose… Como decía aquel, viniendo de unos adolescentes, “está incluido en el sueldo”, por aquello de la hormona, de no encontrarse, de sentirse desplazados, ignorados, a disgusto…
    Pero cuando son los adultos los que practican este deporte nacional, entonces sí que es para preocuparse y de verdad. Por consiguiente

    Comentario por Marcos Cadenato — 23 marzo , 2009 @ 1:24 pm

  3. En fin, Patxo.
    No viene -seamos positivos, compañero- mal del todo un grupo de ese paño: uno se detiene en el camino, mira los pasos que va dando, calibra qué hacer en el próximo cruce, en qué dedo le rozan las botas…
    Parroquianos difíciles los adolescentes que “adolecen” aún de tantas cosas…

    Ánimo.

    Comentario por Aster — 23 marzo , 2009 @ 1:57 pm

  4. Es doloroso ver cómo en grupos de alumnos trabajadores, “con ganas de aprender, buena base y buenas capacidades” a veces, después de un periodo de incubación, germina el microbio de la competitividad, manifestado en síntomas como la prepotencia, la ingratitud, la insolidaridad, etc. Lo difícil es no infectarse, pues anida en muchos programas de televisión, en competiciones deportivas, en la economía… Pueda que la cura sea lenta e incluso en algunos casos imposible. Pero no dejes de administrarles tus antídotos, aunque sean pacientes quejicas, quejicosos y picajosos. Y con tu natural optimismo y tenacidad… por lograr alumnos y personas “competentes” (no “competitivos”). Es curioso que uno de los términos más usados en educación últimamente sea el de “competencia”, en el sentido de “aptitud, capacidad”. No olvidemos que tiene otro significado: “oposición, rivalidad, disputa, contienda… por obtener algo”.
    Saludos y ánimo, compañero.

    Comentario por Carlos — 23 marzo , 2009 @ 9:16 pm

  5. La lucha de contrarios, Patxo, nos da la medida de las cosas. Todos nos movemos en aguas plácidas y en mares revueltos. Creo, marinero, que lo importante es no perder el rumbo (y menos naufragar), aunque haya que rectificar las coordenadas.

    Comentario por Lu — 24 marzo , 2009 @ 11:10 am

  6. Hola Patxo, la verdad es que te entiendo muy bien. Muchas/ algunas veces pienso que nuestro trabajo es muy ingrato. Muchas/ algunas veces gastamos demasiadas energías con alumnos que lo quieren todo “masticado”, que buscan lo inmediato sin valorar el esfuerzo, el trabajo diario y que, al mismo tiempo, curiosamente, presentan una baja tolerancia a la frustración; ante lo más mínimo se derrumban y de paso te echan a tí la culpa.
    Sin embargo, a pesar de todo no te desanimes, lo positivo y lo negativo van dentro del “paquete” y como tú bien sabes, trabajamos, nos implicamos, y adoptamos otras actitudes diferentes porque creemos en ello, nos gusta nuestro trabajo y no sabríamos hacerlo de otra forma. ¿Verdad?

    Comentario por Ana — 24 marzo , 2009 @ 11:46 pm

  7. Gracias por vuestro apoyo y comprensión. Sobre todo las palabras de Eduideas y Ana que han estado al quite perfectamente. A los colegas y a Lu, qué les puedo decir…

    Relaja mucho pensar que son situaciones que reconocéis por cotidianas porque siempre hay riesgo de que la herida se infecte si no se cuida bien. La verdad es que está siendo una experiencia nueva y curiosa de la que se puede aprender mucho: he reconocido algunos de los síntomas del bullying, en mí ( inseguridad, desánimo, dudas…) y en el grupo ( velados gestos, inercias, funcionamiento del propio grupo…) que siempre son muy enriquecedoras para luego verlas y comprenderlas en los alumnos acosados.
    En cuanto he dejado “de hacerles caso” y ellos se han dado cuenta, han empezado a preocuparse de otras cosas (las notas, el viaje de estudio..). Es su devenir emocional, a veces, ilusionante, a veces, ingrato, pero siempre sorprendente.

    Comentario por Patxo Landa — 25 marzo , 2009 @ 12:26 pm

  8. Son muy complejas las relaciones de poder que se establecen en el aula. A veces, esa ingratitud que delatas es un modo de desequilibrar nuestros intentos por sembrar la empatía. Incluso, es posible que sea la estrategia de unos pocos que se extiende de manera sutil al resto del grupo. De todos modos, creo que los adolescentes son mucho menos rencorosos que nosotros y que tienden a olvidar ofensas rápidamente. Hay que aprovechar cualquier momento para sembrar de nuevo el buen ambiente.
    Un abrazo sin acritud.

    Comentario por Antonio — 25 marzo , 2009 @ 4:14 pm

  9. Ciertamente creo que todos nos sentimos identificados con tu esperiencia porque ¿quién no ha tenido un grupo de esos que consiguen desestabilizarte? Creo que en tu última frase está la clave. Poner distancia emocional. Por alguna razón hay alumnos (como dice Antonio son a menudo unos pocos que contaminan) que consiguen traspasar nuestras defensas e incidir en nuestro núcleo duro, nos tocan algo mjuy dentro, y en la medida en que lo notan (somos más transparentes de lo que pensamos) inciden en ello por algún extraño motivo (necesitan descargar sus frustraciones, proyectar su impotencia…). Es su propia guerra, no la nuestra; nosotros hacemos de frontón. Diferenciar esto y colocar cada cosa en su sitio nos ayuda a mantenet nuestro equilibrio emocional. Tú eres un gran profesional y la prueba están en tu experiencia en el resto de los grupos y a lo largbo de estos años. De todos modos, seguro que aprendes de esto, no tanto sobre didáctica sino más bien sobre educación emocional. Un abrazo

    Comentario por Blogge@ndo Seminario — 25 marzo , 2009 @ 10:47 pm

  10. Supongo que lo que te ocurre puede ser algo parecido a la alergia primaveral, nada que ver con procesos crónicos. Algún antihistaminíco y se les pasará. Por cierto, me falta una tilde y me apellido no se escribe con K …

    Comentario por mkolme — 26 marzo , 2009 @ 12:46 am

  11. ¡Qué identificada me siento y qué bien lo cuentas, Patxo! Creo que lo importante es no bajar la guardia, creer en el trabajo que con tan buena voluntad realizamos y que en muchas ocasiones no se ve recompensado y sobre todo, lograr adaptarnos al tipo de alumnos que tenemos. Ellos han elegido y te han hecho elegir sota, caballo y rey. En ocasiones, eso será lo que se encuentren en su vida y entonces añorarán y valorarán la opción les distes y no aprovecharon.
    Saludos y un montón de ánimo para superar el día a día.

    Comentario por Begoña — 29 marzo , 2009 @ 11:19 pm


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