Tres Tizas

26 enero , 2009

Teoría y práctica de un manual de E/LE. Pragmática metodológica (I)

Filed under: PRL — Etiquetas: , , — Marcos Cadenato @ 8:00 am

Cuando yo era más joven y viajaba en sucios trenes que iban hacia el sur, recuerdo que la asignatura de Lengua Española y Literatura –rebautizada en la época democrática como Lengua Castellana y Literatura- en mi instituto y con mis profesores se seguía a través de unos manuales de los desaparecidos y añorados profesores don Fernando Lázaro Carreter y don Vicente Tusón, titulados: Teoría y Práctica de la Lengua I, II y III, de la editorial Anaya, correspondientes a los respectivos cursos de 6º, 7º y 8º de la Enseñanza General Básica (EGB). Aún los conservo en el trastero como oro en paño y no tengo ninguna gana de desprenderme de ellos.

tpl1

Crédito de la imagen

Los años me han hecho recordar aquel extraordinario manual porque ahora que soy profesor de Refuerzo Lingüístico, o sea, profesor de L2, me encuentro con problemas que evocan aquel feliz título, pero desde un punto de visto absolutamente pragmático. Me explico. Cualquier manual de los que los profesores de una segunda lengua utilizamos en nuestras clases nos proporcionan actividades, ejercicios, sugerencias para poder abordar las cuatro competencias básicas que pretendemos desarrollar en estas clases: expresión oral, expresión escrita, comprensión auditiva y comprensión escrita. Sin embargo, -y esa es la observación principal que quería compartir con vosotros- los ejercicios no son fácilmente realizables, así, sin más. Cualquiera de los ejercicios que proponen las editoriales presuponen un trasunto cultural, un currículo oculto, un bagaje lingüístico previo, de los que carece la mayoría de mis alumnos inmigrantes o recién llegados.

Quisiera desde estas páginas virtuales demostrarlo con dos ejemplos reales tomados de uno de los manuales que actualmente se facilitan en la red y que ha recibido muy buenas críticas por parte de estudiosos de la metodología de la enseñanza de una segunda lengua para alumnos extranjeros. En concreto, voy a utilizar el manual que la Obra Social de la Caja Madrid ha publicado y ofrecido desde su página web como texto para la enseñanza del español. Insisto: ¿Cómo se dice? Manual de español para inmigrantes Nivel A1 es un manual que pasa por bueno o muy bueno, a mí se me presenta como inaprensible por mis alumnos. Hablamos, claro está, de un nivel inicial A1 y hablamos, claro está, de alumnos chinos, árabes, rumanos, brasileños o lituanos.  

Respetando, naturalmente, el ritmo personal de aprendizaje y respetando –lógicamente- la autoría y la estructura y organización del Manual, me encuentro con obstáculos a cada paso que doy, porque en los niveles inferiores cualquier pregunta, actividad o sugerencia de trabajo se complica en la práctica real y requiere explicaciones titánicas para poder realizarlas. Por ejemplo: no he sido capaz de obtener el nombre del pueblo del que proceden dos hermanos y alumnos míos procedentes de China para pocaja-madridder rellenar el siguiente epígrafe del manual en el tema 1: Explica a tu compañero dónde está el pueblo o la ciudad donde naciste. Por supuesto, antes de escribir el ignoto nombre de la localidad china, procedí meticulosamente para que no me fallara el ejercicio: mapamundi en mano y tras señalar dónde estaba Europa, España, Vizcaya y Bilbao, viajamos a la extensa China con la misma intención. Primer fracaso. Hombre de recursos como soy y, encendidos previamente los ordenadores, fuimos a las herramientas del idioma del maravilloso Google y le pedimos tres traducciones, simplemente: cómo se escribe en chino: ciudad, pueblo y nacer. Mencioné de nuevo la capital vizcaína y me señalaba con los pulgares en verbo casi autorreflexivo y casi haciéndome daño en el pecho. Segundo fracaso. Sin dar pábulo al desaliento, volví a coger el mundo con mis manos orientándolo hacia China y tratando que de aquellas bocas silenciosas saliera el –para mí más que extraño- nombre de una localidad china donde nacieron estos hermanos y cuando ella, -un año mayor- parecía que iba a señalar con su dedo un lugar y a pronunciar ese -ya para mí- mágico lugar, se hizo de nuevo el silencio. Último fracaso.   actividad-101

Del trance –debo reconocerlo- salí más o menos airoso, pero tuve que explicar también, previa consulta en el traductor, los términos continente, país y provincia, para acabar escribiendo en la pizarra: Yo nací en China (Asia). Esto es lo que aparece también en sus cuadernos. Sé –porque en diferentes Congresos, Jornadas y Conferencias- he oído a otros colegas que el alumno chino es especialmente difícil porque su ritmo de aprendizaje es diferente, porque su carácter es también muy distinto y porque su escasa socialización le impide, seguramente, avanzar con más rapidez. Lo sé: me lo repito una y mil veces, pero la realidad es tozuda y se impone día a día.  

 

Por no abusar de vuestra paciencia quería mencionar y mostrar también ahora otra actividad anterior a ésta del mismo Manual y en el mismo tema 1 y que tuve, obligatoriamente, que acompañar con materiales complementarios específicos y recursos de la red para poder realizarla, pero mi tiempo y mi espacio han concluido. Lo dejaremos para el siguiente post y lo acompañaremos de esos materiales absolutamente necesarios para su realización y que -por fuerza- tiene que preparar previamente el profesor. Lo dicho: Teoría y Práctica…

Marcos Cadenato

 

Anuncios

15 comentarios »

  1. Muchos autores de este tipo de materiales deberían, Marcos, acercarse a las aulas.
    Estoy pasando por experiencias parecidas y comparto prácticamente todo lo que apuntas en tu entrada. Menos mal, compañero, que eres un hombre de recursos y de una probada paciencia.

    Un abrazo.

    Comentario por Aster — 26 enero , 2009 @ 6:58 pm

  2. A menudo es necesario un “currículo oculto” para hacer ejercicios que se plantean en los libros de texto y manuales. Pero esa dificultad se convierte a veces en un valor añadido del ejercicio que el profesor utiliza para animar a sus alumnos a que investiguen y se informen. Pero cuando, como tú cuentas, la comunicación es unidireccional (por no compartir el mismo idioma o por la peculiar personalidad del alumnado) se me antoja un obstáculo insalvable. Espero ansioso tu segundo artículo sobre el tema para disfrutar con los recursos que has ideado para solventar las dificultades.

    Comentario por Carlos Díez — 26 enero , 2009 @ 7:38 pm

  3. Quizá recursos no nos falten, Aster, pero de lo que andamos más escasitos es de paciencia; hay que tenerla -y mucha- lo sé, pero a veces te deshace los nervios la incomunicación… En ocasiones es un esfuerzo de tal calibre que te desesperas y quieres tirar la toalla… En el fondo, de lo que estamos hablando es que, sin ninguna duda, existe una nivel por debajo del A1 y que muchos de los materiales que empleamos en clase ni siquiera lo consideran. Ése es el problema…

    Comentario por Marcos Cadenato — 26 enero , 2009 @ 8:34 pm

  4. Te aseguro, Carlos, que en muchas ocasiones y con determinados alumnos lo que un profesor normal hace de forma normal se convierte en especial en una clase de Refuerzo Lingüístico. Hay alumnos para los que cualquier ejercicio sencillo -de nivel A1- supone un nivel de comprensión, de abstración o de conocimiento que le impide realizarlo. Para eso estamos, naturalamente, pero en ocasiones es una tarea más complicada de lo que pueda parecer. Sólo trataba de apuntarlo…

    Comentario por Marcos Cadenato — 26 enero , 2009 @ 8:58 pm

  5. Eso te pasa por usar libros. Ponles a los niños cuatro o cinco programas grabados (“La noria”, “Dónde estás corazón”, “Gran Hermano”…) y verás qué pronto adquieren todo el currículum oculto que necesitan para vivir en este país 😉

    Comentario por Antonio — 26 enero , 2009 @ 11:31 pm

  6. Menudo curro el tuyo, Marcos. Por cierto,parafraseando a un “insigne” bloguero ¿un libro de texto es un libro?

    Comentario por Patxo — 27 enero , 2009 @ 12:31 am

  7. Sí, un “libro detesto” (¿alguien conoce algún alumno al que le apetezca hacer actividades del libro de texto?)

    Comentario por Antonio — 27 enero , 2009 @ 12:38 am

  8. Me temo, Antonio, que ni por esas. El mismo problema se me presenta en textos arrancados a la realidad diaria, en textos orales, en vídeos… Por supuesto también tengo alumnos que en poco tiempo -de tele también- consiguen ese nivel necesario para seguir, participar y sorprenderme… pero, amigo mío, el sur también existe. 😉

    Comentario por Marcos Cadenato — 27 enero , 2009 @ 12:59 am

  9. Un libro de texto, Patxo, es la mayoría de las veces un pretexto para abordar algunos temas, conceptos, actividades que, o creemos que tenemos que trabajar en clase, o nos obligan decretos, leyes, programaciones, pruebas selectivas o diagnósticas; la más de las veces son contexto en los que desarrollar esas competencias, capacidades, destrezas y actitudes que cada profesor considere convenientes; a diferencia de otros ilustres blogueros, yo no los detesto, porque me proporcionan pistas, ideas, sugerencias para enriquecer mi actividad profesional y protesto cuando sólo se utiliza el manual en clase –de pe a pa– y también cuando se desprecia en nombre de las Nuevas Tecnologías. Así que, para mí, es útil en el aula y bastante más que un texto. Nik uste… 🙂

    Comentario por Marcos Cadenato — 27 enero , 2009 @ 1:05 am

  10. Marcos, sin ser profesora de refuerzo lingüístico, me encontré hace dos años con una situación que paso a contarte, para que veas que la lengua no lo es todo.
    Llegaron dos alumnas nuevas de La Isabela (Santo Domingo). Para hacer su presentación, les propuse que nos explicaran de dónde venían. Las mandé a la biblioteca a por un mapamundi y de regreso, les dije que nos indicaran su lugar de procedencia y el viaje que habían realizado. Silencio total. Insistí. Silencio total. La lengua no era un obstáculo. Me entendían perfectamente, aunque yo no hablara con acento dominicano. ¿Imaginas cuál era el problema? No sabían localizar su país en el mapa y menos la ciudad en la que habían vivido 14 años.

    ¿Les pasará lo mismo a tus alumnos chinos?

    Comentario por Lu — 27 enero , 2009 @ 1:57 am

  11. Creo que no es ése el caso, Lu. Conozco casos como los que señalas porque… ésa es otra: los niveles académicos que hay entre los alumnos que nos visitan es totalmente diferente; por lo general, el nivel académico es inferior al de nuestro sistema, con unas lagunas tremendas en asignaturas como Geografía, Historia, Matemáticas… Es cierto, mis alumnos chinos tampoco identificaban China en el mapa, ni España, ni Estados Unidos… pero además hay una barrera idiomática que impide que haya una comunicación más fluida y permita realizar actividades, aparentemente sencillas, como las que describo, con una cierta normalidad. Quizá resulte extraño, pero, creedme, no estoy exagerando: los problemas que menciono existen en realidad, afortunadamente no con todos los alumnos, pero sí con los de determinados orígenes geográficos y muchas veces la frustración que provoca dificulta el aprendizaje.

    Comentario por Marcos Cadenato — 27 enero , 2009 @ 8:24 am

  12. En las aulas se está viviendo una situación nueva diferente de las que habíamos vivido con anterioridad con la llegada de los alumnos emigrantes. No hay manuales, no hay recetas, no hay experiencia acumulada. Por lo que lo único que vale es buscar, probar, sin desánimo para romper las barreras culturales, lingüísticas, sociales, etc. y poder llegar a ese alumnado para promover en ellos el mayor aprendizaje posible. Eso sólo lo pueden hacer los profesores entusiastas como tú contexto, pretexto, detesto o lo que sea.

    Comentario por marimar — 27 enero , 2009 @ 10:40 am

  13. Muchas gracias, Marimar, -precisamente- eso es lo que trataba de demostrar: que no hay fórmulas -no mágicas, sino fórmulas-, recetas o bálsamos de Fierabrás que puedan utilizarse cómodamente con este tipo de alumnado. Sé -porque me lo han espetado en algunas ocasiones- que algunos compañeros piensan que los profesores de Refuerzo Lingüístico pasamos el tiempo enseñando a decir y a escribir cosas elementales como leche, agua, pan o azúcar y olvidamos enseñarles a decir, escribir y entender algoritmo, célula, incógnita o isobara. Y, amiga mía, ése sí que es otro tema también importante: la lengua de comunicación y la lengua de instrucción, la lengua curricular, pero tampoco hay tiempo en este breve comentario para abordarlo. Otra vez será…

    Comentario por Marcos Cadenato — 27 enero , 2009 @ 2:06 pm

  14. Muy interesante todo lo que nos cuentas, Marcos, y desde diferentes puntos de vista.

    La verdad es que no tengo experiencias de ese tipo porque siempre he enseñado a jóvenes griegos, en su mayoría universitarios y políglotas y reconozco que, en ocasiones, recurro a su L1 o al inglés -la lengua franca de nuestros días.

    Tampoco conozco el manual al que te refieres. Supongo que los autores han tenido que idear uno para que los estudiantes puedan -supuestamente- realizar las funciones comunicativas más básicas e integrarse lo más rápidamente posible en la sociedad. Eso de por sí es loable, pero quizá para determinados alumnos sea inalcanzable si no se ha tenido igualmente cuidado en la progresión de los conocimientos gramaticales necesarios para realizarlas. El carácter personal y la cultura de origen influyen mucho para que un ejercicio, en apariencia tan sencillo, como Explica a tu compañero dónde está tu pueblo o la ciudad donde naciste, sea un fracaso si el estudiante se bloquea por desconocer el imperativo, los tiempos del pasado, los adverbios relativos, etc.

    Quizá parezca una tontería, pero se puede pedir lo mismo de otra manera. por ejemplo:
    ¿Cómo se llama tu pueblo o ciudad?
    ¿Dónde está en el mapa?

    A pesar de tener un alumnado muy diferente, en los primeros estadios suelo salir con dolor de cabeza por intentar usar en mi discurso, en la medida de lo posible, solamente las estructuras y el vocabulario que ya conocen e introducir elementos nuevos de forma gradual.

    Esto mismo es a su vez criticado por otros que consideran que la inmersión absoluta es la mejor manera de aprender a nadar…

    No lo sé. Pienso simplemente que si el alumno proviene de un país donde se evita cualquier tipo de exposición pública por miedo al error y a clase se va simplemente a escuchar y a memorizar, es comprensible que se cierre ante determinadas actividades comunicativas, aunque reconozco que el caso que cuentas es extremo.

    Me gustaría recordarte que en la Comunidad Todoele hay un grupo dirigido a profesores en países asiáticos y, por lo que he leído en sus foros, se producen bastantes problemas de comunicación con lo chinos en concreto, por su diferente mentalidad.

    También me gustaría que conocieras un recurso para traducir sobre el que escribí en El tinglado: Traductor con voz, por si fuese de alguna utilidad.

    Recibe un cordial saludo.

    Comentario por Leonor Quintana — 28 enero , 2009 @ 10:04 am

  15. Muchísimas gracias, Leonor, por tu extenso comentario, por tus opiniones, por los recursos que nos brindas y por tu visita. Sabía que nos podías arrojar un poco más de luz en este apartado de la enseñanza de español a alumnos asiáticos, mejor dicho, chinos. Al hilo, debo decir que he tenido tres alumnos coreanos y los problemas que existen con ellos son completamente diferentes, pero no de incomunicación lingüística: con éstos -te lo aseguro- con un poquito de inglés y con un muchito de mímica internacional, nos arreglábamos a las mil maravillas. De una manera o de otra.
    Con el alumnado chino todo es diferente: sus reacciones, sus ritmos de aprendizaje, sus impresiones, sus actitudes, su tono de voz, sus maneras. Quizás yo mismo sea un pequeño salvaje para ellos: por mi forma de expresarme, por mi tono -alto- de voz, por mi cercanía, por mi… No lo sé, pero hay más de una muralla entre ellos y nosotros. Y digo ellos porque son varios, no es único caso; y digo nosotros, porque otros profesores me han llegado a preguntar si pueden llegar a tener problemas más serios -médicos- porque les resultan muy extraña su manera de comportarse. Y he respondido una y mil veces, que no, que son chicos que tienen un comportamiento absolutamente normal, pero diferente. ¿Necesitamos distinguir en nuestros materiales un A0? He ahí la pregunta que me martillea continuamente…
    Prometo visitar el foro que me indicas y emplear el traductor que me recomiendas. Mila esker!

    Comentario por Marcos Cadenato — 28 enero , 2009 @ 1:37 pm


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: