Tres Tizas

1 diciembre , 2008

Os debo una explicación

Filed under: Como la vida misma — Etiquetas: , — Aster Navas @ 1:00 pm

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Crédito de la imagen

Lo enseñan todo, hijo; qué poca vergüenza… -solía decir mi madre tapándome, escandalizada, los ojos al pasar junto al teatro Lido en fiestas del Carmen.
Bien mirado, enseñar es un verbo difícil. Tiene amistades peligrosas como destapar, descubrir y desnudar.

Uno cree -iluso- que enseña Matemáticas, Ciencias Naturales o Geografía y no cae en la cuenta de la cantidad de contenidos subliminales -llamémoslos así- que imparte involuntariamente: la forma en que sujeta el libro de texto, el viejo Ford Fiesta que lleva aparcando diez años en la puerta del instituto, sus espantosos calcetines blancos, un anillo en el dedo pulgar, el pin del Athletic que cuelga, inasequible al desaliento, en su chamarra. Tal vez -se me ocurre ahora- los uniformes y las batas blancas intentaron ocultar durante muchos años esa intimidad que se nos escapa a cada momento.

El terreno de lo personal es siempre más fascinante que el académico; las largas patillas del profe de Educación Física mucho más que los estiramientos; la barba de dos días del hueso que les enseña Química, muchísimo más que la tabla periódica; el palestino al cuello del pesado de Cultura Clásica, bastante más que la cuarta declinación. La bicicleta -así caigan chuzos de punta- del bedel o el móvil de última generación de alguno de sus educadores tiene mucho más misterio que cualquier libro de texto.

Frank Mc Court en su novela El profesor nos da elocuentes ejemplos del enorme poder de lo personal. El escritor irlandés decide enseñarse para enseñar, destaparse para poder sobrevivir.

Desconocemos la lectura que hacen los alumnos pero resulta indiscutible –siempre que no sean intencionados– el potencial educativo de este tipo de mensajes: primero, porque dan una visión plural de la realidad; segundo, porque humanizan el proceso de aprendizaje.

El espacio donde educamos puede ser -cuidado…- extremadamente subliminal. El momento en que lo hacemos también.

No sé si me explico y es que explicar, explicarse es también un verbo que se las trae: no te debo ninguna explicación, explícate, ya me explicarás, cariño; te lo puedo explicar; como alcalde vuestro que soy os debo una explicación. Es íntimo amigo de defenderse, justificarse.

Dejadle que se explique -suele pedir el que conserva un mínimo de sensatez antes de que la multitud arrastre a algún desdichado hasta la horca, el patíbulo, la hoguera.

Dejadle que se explique -grita mientras enciende la pira o comprueba el nudo corredizo.

En nuestro trabajo -glup- se conjugan verbos difíciles.

Lunes. En fin.

Aster Navas

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7 comentarios »

  1. ¡Qué casualidad! Hace unos días utilicé también el discursito de Pepe Isebert como alcalde de Villar del río, para explicar el funcionamiento de un programa. Es uno de mis favoritos también.
    A tu lista de verbos peligrosos, añado uno y lo contextualizo: tocar. Cuando daba Latín en 2º de BUP solía repetir: “no me toquéis los enunciados” para hacerles ver que el nominativo más el genitivo constituía un enunciado y que jamás había que modificarlo. Lo repetía una y otra vez hasta que en una ocasión, una pausa técnica me traicionó y, desde entonces, anduve con cuidado: “cuántas veces os he dicho que no me toquéis los…” ¡enunciados! Aún oigo las risas…
    ¡Simpático repaso de verbos muy nuestros, sí señor!

    Comentario por Marcos Cadenato — 1 diciembre , 2008 @ 10:06 pm

  2. Y ¿qué me dices del verbo “sacar”?:
    – ¿Tienes material?
    – En la mochila.
    – Y ¿la libreta?
    – Allí.
    – Sácala.
    – …
    – ¡¡Que la saques!! (glups)

    Comentario por Antonio — 1 diciembre , 2008 @ 11:27 pm

  3. Marcos, Antonio: gracias.
    Tocar y sacar… En fin.

    Comentario por Aster Navas — 2 diciembre , 2008 @ 11:27 am

  4. Y además del aspecto físico y nuestras posesiones, habría que añadir otras “cosas” que enseñamos-mostramos, creo que involuntariamente también, como la puntualidad, esa cortesía verbal de la que tratabas hace unos artículos, el amor y la dedicación por el trabajo, esfuerzo, respeto, forma de solucionar conflictos… ¡Jo!

    Comentario por Carlos Diez — 2 diciembre , 2008 @ 12:53 pm

  5. Está uno Carlos mareando la perdiz con las subordinadas adverbiales y se le van escapando principios, actitudes, posiciones ante la vida…
    Un abrazo.

    Comentario por Aster Navas — 2 diciembre , 2008 @ 1:32 pm

  6. Los pronombres son los aliados de los verbos en esto de las trampas lingüísticas.

    – ¿Has hecho los deberes?
    – Sí (tenue)
    – A ver, enséñamelo todo.
    – ¿Todo?

    Pura pragmática.

    Comentario por Lu — 2 diciembre , 2008 @ 7:12 pm

  7. Sí, Lu, “enseñar” es el más resbaladizo.
    Tampoco está nada mal “aprender”: “¡Cuándo aprenderás!”

    Incluso en los libros de texto: recordad que el pobre Colón siempre volvía de América “a palos”.

    De Moguer, por supuesto.

    Comentario por Aster Navas — 3 diciembre , 2008 @ 11:04 am


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