Tres Tizas

28 mayo , 2008

Por ejemplo: llueve

Filed under: Mide tus palabras — Etiquetas: , — Aster Navas @ 1:00 pm

Crédito de la imagen: http://www.flickr.com/photos/madasor/271883694/

En nuestro mundo ocurren cosas increíbles. Son, paradójicamente, las más cotidianas.

Por ejemplo, llueve: mansa o furiosamente el agua cae del cielo.
Por ejemplo, nieva; cada vez menos, sí, pero de cuando en cuando nieva. Y no sé a usted pero a mí esa sustancia blanca me desconcierta.
¿Y los besos? ¿qué me dice usted de los besos? Esa costumbre de succionarse los unos a los otros con los labios; la manera, en fin, tan curiosa en que copulamos.
Y luego están las rebajas y… las escaleras: esa forma tan inquietante en que se pliega el suelo a las primeras de cambio.

Procuro no demostrar asombro. Abro el paraguas o pongo las cadenas al coche aparentando mayor contrariedad que sorpresa. Beso y me besan; me compro un abrigo en Mayo; en Octubre congelo el besugo que cenaré en Navidad.

En fin.

Y luego está el fuego. ¿Qué me dice, doctor, del fuego?

Aster Navas

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11 comentarios »

  1. Por no mencionar los artificios a los que nos hemos acostumbrado y de los que prefiero seguir desconociendo su funcionamiento –absolutamente increíble para mí-: el teléfono, la televisión, la radio, el avión, el barco, el submarino, el fax, el pm3, la cámara digital, el ordenador… En fin, ¡bendita ignorancia…!

    Comentario por Marcos Cadenato — 28 mayo , 2008 @ 1:59 pm

  2. Y luego está el fuego. ¿Qué me dice, doctor, del fuego?

    Y sigue…

    – Y al fin, la palabra ¿Y usted, lector, qué me dice de las palabras? ¿Acaso no le sorprenden?

    Comentario por Lu — 28 mayo , 2008 @ 5:26 pm

  3. Las escaleras Aster, qué curiosidad de cosa son. ¿te puedo contar una historia?

    Valparaíso estaba azul y oxidado, en precario equilibrio y habitado como siempre por miles de marineros muertos. Desde una mesa en el Café del Poeta tomaba fotografías de la Fuente de Neptuno, y en eso estaba, cuando la vi. No es que antes no la viera, de hecho ha estado ahí por años, pero por primera vez se me antojó entrar.

    Una vez dentro, pregunté por un libro, y luego de una búsqueda inútil, el librero me invitó a bajar al subterráneo por si encontraba “algo”. Lo seguí detrás de una puerta falsa por donde apareció de la nada una escalera de esas para ser bajadas como gato de puerto, y cuando llegué al fondo, ahí estaba:

    Era una habitación igual a la sentina de un barco, llena de libros clasificados por lenguas, objetos raros y pinturas de los cerros porteños. Encontré lo que buscaba y me instalé a leer en una butaca de cine, frente a un escritorio con tintero de vieja estirpe.

    Al subir sentí que era más interesante el sub terra que el sub sole, y desde entonces le doy vueltas a una idea inquietante, algo parecido al Informe sobre ciegos de Sábato en Sobre héroes y tumbas.

    Sobre los besos, dioses… hay algunos asombrosos, el beso palpitante, por ejemplo.

    Mis disculpas por extenderme imprudentemente.

    Cariños,

    Comentario por Niée — 28 mayo , 2008 @ 8:34 pm

  4. La verdad, Marcos, es que esos trastos rozan la magia.
    Yo me refería, sin embargo, a lo más cotidiano, a la realidad de andar por casa. Millás tiene ese punto de vista en muchos de sus libros, un realismo mágico con unas décimas de fiebre…

    Gracias.

    Comentario por Aster Navas — 30 mayo , 2008 @ 8:49 am

  5. Lo cierto, Lu, es que nada es tan desconcertante como la palabra.
    Últimamente ando dándole vueltas a una: “reproducir”; “reproducirse”. Ya sabes esa orden biológica de multiplicarnos. Las palabras nos delatan: volver a producirnos, copiarnos de un original que también… es una copia.

    Y luego, doctor, está “contraer”: Contraemos matrimonio pero tembién unas fiebres tifoideas… Por cierto el matrimonio también se “consuma”; igual que un delito, doctor…

    En fin.

    Comentario por Aster Navas — 30 mayo , 2008 @ 8:54 am

  6. ¡Vaya historia, Niée! Tiene algo de El cementerio de los libros perdidos o de la biblioteca de El nombre de la rosa.
    Hace años escribí un relato sobre una mujer que se refugiaba en el metro para escapar de la realidad. Ese tipo de espacios a unos nos trasmiten sensación de refugio y a otros les angustia profundamente.

    Aquí en Bilbao tenemos un suburbano muy curioso. Me explico: todas las estaciones, todas las escaleras, todos los ascensores, todas las taquillas… son prácticamente idénticas y tienen la misma ubicación.
    A veces -empiezo a preocuparme- he imaginado que bastaría cambiar el nombre de la parada ahía abajo (Abando por Bolueta) y la realidad exterior sufriría el mismo giro…

    En fin; la realidad es pasmosa.

    Un besote, Niée.

    Comentario por Aster Navas — 30 mayo , 2008 @ 9:05 am

  7. Aster, mi primera impresión es que lo de Bilbao no ayuda mucho al turista con imaginación y con algunos problemas de orientación. Sin embargo, me hace pensar que las ciudades siempre pueden colaborar con la DLL para un profesor que se aventura fuera del aula con sus alumnos, y que hace del espacio conocido un nuevo Macondo o una nueva Comala.

    Según recuerdo tú los has hecho.

    Desde mi punto de vista, habría dos mapas, el oficial y el literario. Como en todo, el asunto está en tener ambos a mano para no perderse. No es la idea angustiarse.

    Otra historia ocurrió en el “Cinzano”, te cuento algo, allí cantan sólo músicos muy ancianos en un ambiente muy propio de Fellini y todo iba como siempre esa noche hasta que llegó un joven cantante muy conocido en la tele,acompañado de cámaras y luces. Bien, lo divertido fue verlo subir al escenario para cantar boleros a pedido del público…fue lo que podríamos llamar un quiebre, muy surrealista.

    De sábato sólo recuerdo algo del Tunel y esa parte de “Sobre héroes y…” que me gustó especialmente. Lo siento, nuevamente no medi mis palabras.

    No olvides considerar la posibilidad de resucitar esa historia de la mujer en el metro.

    Cariños,

    Comentario por Niée — 30 mayo , 2008 @ 3:05 pm

  8. ¡Buenísimo! ¡Qué mundo tan raro, de verdad! Ese mundo fantástico que sólo algunos pueden ver, los que, como los gatos, ven del otro lado de los espejos.

    Comentario por Leonardo — 7 septiembre , 2008 @ 6:39 pm

  9. Gracias, Leonardo.
    Algo tengo de gato, sí…

    Un abrazo.

    Comentario por Aster Navas — 8 septiembre , 2008 @ 12:19 pm

  10. He llegado hasta aquí a partir del blog de Niée. Y ahora voy a añadiros a mis enlaces, para venir con más frecuencia. y ¡Qué vivan los profes!

    Comentario por Leonardo — 8 septiembre , 2008 @ 11:21 pm

  11. Bienvenido, Leonardo.
    Gracias por hacernos un hueco en tu bitácora.

    Comentario por Aster — 9 septiembre , 2008 @ 12:42 pm


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