Tres Tizas

21 abril , 2008

Aún nos queda la palabra

Filed under: Tírame de la lengua — Etiquetas: , , , , — Marcos Cadenato @ 1:00 pm

    

Crédito de la imagen: http://farm2.static.flickr.com/1434/552756207_fe59bf47c8.jpg   

  A menudo los profesores solemos demostrar que somos un colectivo muy poco solidario; bueno, en el supuesto caso de que seamos un colectivo. Nunca he tenido la sensación de pertenecer a un gremio profesional, menos aún he sentido el corporativismo, probablemente porque nunca me ha hecho falta (o en muy poquitas ocasiones). Sin embargo, cuando pintan bastos, creía que, a pesar de nuestra educación, correctas maneras y bien dispuesto talante, cuando hay que dar un buen golpe encima de la mesa, pues, pensaba -digo- que se daría sin mayores problemas, faltaría más. Pues, no, amigos míos, no es éste el caso. Con alguna pequeñísima excepción, aún no he oído ningún golpe, sólo silencio.

     Cualquier persona que esté un poco al tanto de los acontecimientos en el mundo educativo vasco, se dará cuenta de que o se entienden muy poco o no se entienden nada. Cualquiera que esté medianamente bien informado de la realidad educativa vasca estará desayunando últimamente -junto a su café y su croissant- una porción de mala leche, indignación, desesperanza y desasosiego. Catedráticos, funcionarios, propietarios, propietarios en expectativa, desplazados, en comisión de servicios, de baja, interinos, sustitutos, privados, concertados, de ikastolas, no importa la situación administrativa y a qué red se pertenezca para poder mostrar extrañeza, indignación y silencio. “Los sindicatos lo verán“, -supongo que piensan muchos-, “los sindicatos no lo van a permitir“, -confiarán otros-. No lo entiendo, sinceramente. No entiendo este silencio persistente en temas tan importantes y tan delicados para la Educación. Los profesores callamos. Los profesores casi nunca tomamos la palabra. Nuevo silencio.

    Es exactamente igual por dónde cojamos el ovillo. Los resultados son los mismos. Nada ha estado tan políticamente comprometido como hasta ahora. Nada ha estado tan a punto de estallar como hasta ahora. Elecciones permanentes, legislaciones durísimas que se tratan de pactar sea como fuere, decretos de dudosa legalidad que inquietan permanentemente a la comunidad escolar, derechos de los euskaldunes conculcados, derechos de los castellano-hablantes en la cuerda floja… Este es el caldo de cultivo en el que un profesor de secundaria como yo desarrolla su labor diaria. Junto al ordenador, papeles, apuntes y libros, hay un montón de novedades, completamente ajenas a nuestras voluntades, pero que cuando entren en vigor nos afectarán a todos de una manera absoluta. Silencio. 

    Estoy colegiado, pero mi Colegio de Licenciados no me representa en estos casos; estoy sindicado, pero nadie me ha pedido mi opinión en muchos de los temas que ahora mismo me preocupan a mí y muchísimos profesores de la red pública, privada y concertada. Mi medio de información es la prensa diaria; las informaciones que llegan a los centros son contradictorias, imprecisas, falsas o, sencillamente, inciertas e inexactas. Se trata de mantener la tensión en los claustros, promover la desinformación y fomentar el desencanto y la desilusión.

    Profesores de la pública callados, pero indignados; profesores de la privada concertada exigiendo una justa equiparación; profesores de ikastola exigiendo su financiación plena; políticos que parecen pretender comprar voluntades; informes con los que se pisan unos a otros; padres preocupados y exigiendo sus derechos; modelos lingüísticos que van a desaparecer; lenguas que dejarán de usarse en el aula; mapas escolares por construir; institutos que se disgregan; edificios que desaparecen; Leyes Orgánicas de Educación que entrarán en vigor próximamente, el decreto de Derechos y Deberes, equipos directivos en prórroga indefinida, la Ley del Sistema Educativo Vasco en  capilla… Silencio.

     Con el poeta, -y en este caso sólo pido la palabra- quiero manifestar desde este rinconcito de la blogosfera que ya no puedo más, que no entiendo nada, que por no saber ya casi ni sé quién soy, ni qué hago exactamente en este trabajo y, por supuesto, qué expectativas puede tener un profesor en los próximos años y cuál es la travesía por el desierto que le queda por recorrer. Y lo más triste y desalentador: sólo oigo silencio… Así las cosas, me vienen a la memoria aquellas palabras del fundador de los jesuitas: “En tiempos de tribulación no hacer mudanza“. Lo cierto es que en este desierto de la palabra, las bitácoras se me antojan verdaderos oasis en los que beber unas gotas de solidaridad, colaboración y, sobre todo, de palabra, de voz, de voces…

Marcos Cadenato

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