Tres Tizas

20 febrero , 2008

Competencia lingüística y competencia digital

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La pasada semana en el blog en el que suelo colaborar, que muchos de vosotros conocéis, y donde comencé ésta mi adicción a los blogs, Bloggeando, alguien -y oculto deliberadamente su nombre- escribió literalmente:

 olle me podeis decir como se llama el segundo libro de lectura en diego de siloe (albacete)de tercero de ESO?

Y, claro, uno que tiene su corazoncito y que no es de piedra, sufrió una extraña reacción que prefiero ni definir ni tratar de explicar, pero me pasó algo parecido a lo que al bueno del Dr. Henry  Jekyll le sucedía con aquella extraña pócima que tomaba. Pero, rápidamente oculté al  misántropo Edward Hyde y reconsideré mis primeros e incendiados pensamientos. “Desconoces el autor de la frase”, -me repetí-, “no sabes nada de él excepto que cursa 3º de la ESO y que es de Albacete”, pero, insisto: la carne es débil, y me asaltó de nuevo la eterna duda de siempre: ”¿Lo más importante es que este adolescente -aun con errores- se ha comunicado con nosotros? No, definitivamente no, no puedo… o no quiero entenderlo así.

No quisiera parecer excesivamente purista, conservador o anticuado pero por mucha reforma que llevemos encima, por mucha pedagogía, por mucha coherencia, cohesión y conectores textuales que hayamos explicado, al final, lo que nos queda es una línea y media que, como veis, no tiene desperdicio. Sí, estoy elevando a categoría casi paradigmática la simple anécdota, pero es que, como dijo, aquél, “la cosa tiene tela”. Permitidme que, como en los dibujos animados, saque al angelito y al diablillo que llevo dentro.  

Dejando a un lado los aspectos lingüísticos, cuando la LOE habla de competencia digital, ¿se refiere a esto? Si un estudiante con 14 ó 15 años no es capaz de saber que el libro de lectura del segundo trimestre de la asignatura de Lengua en un instituto de Albacete no se puede buscar en el Google, así, tal cual, sino que hay que acotar muchísimo más la búsqueda, ¡estamos apañados! Cuando algún alumno trata de buscar en el DRAE “habíamos decidido” y, al mostrar su extrañeza porque no aparece, observa la mía, aún mayor, por su intento inútil, me pregunto una y mil veces: ¿qué estamos haciendo mal, rematadamente mal? La respuesta no es fácil, lo sé, pero volviendo al caso que nos ocupa, lo que la simple anécdota trasluce es un desconocimiento de cómo funciona la red de redes. No se pueden utilizar las fuentes de información con esa frescura y con esa ingenuidad. La información es fundamental; la selección es prioritaria. No podemos utilizar Internet igual que usamos el Messenger, los Foros o los Chats y esto se debe aprender en el instituto, no en un cíber. Claro, pasemos página también en lo que se refiere a la competencia digital que presentan algunos de nuestros compañeros. En fin… 

De otro lado, en lo que se refiere a la competencia lingüística, ¿se pueden encontrar aún más errores en línea y media de texto? Prefiero no pensarlo, pero en este caso sin pretender elevar a categoría la anécdota, enumero sin hacer demasiada sangre la lista de errores que cualquier viejo profesor de Lengua hubiese anotado en color rojo: el tratamiento con el que se dirige al receptor, faltas de ortografía, faltas de puntuación, faltas de acentuación, mayúsculas inexistentes, errores tipográficos. Insisto, no quiero hacer sangre ni generalizar, pero ¡el daño que está haciendo aquella…! 

Corren tiempos en los que se discute si el profesor de Lengua debe o no corregir de pe a pa los textos que generan los alumnos; hay una tendencia actual que defiende cierta permisividad en las faltas ortográficas, de acentuación y puntuación en la escritura de blogs por aquello de que lo importante es la comunicación… No sé., lejos de posiciones puristas –casi decimonónicas, me atrevería a decir- y de considerar la letra, sacra por naturaleza, sí es cierto que hay que mantener, respetar y hasta alentar el mantenimiento de ciertas normas mínimas. Ni si quiera ya por ética, por estética.

Y esta es la filosofía que creo que hay que transmitir a un estudiante que se está formando y que, de natural, no le concede demasiada importancia. Por encima de que tal o cual palabra se escriba con jota y con tilde en la e, es mucho más importante que perciba que es necesario respetar unos mínimos imprescindibles para mantener la comunicación, que no se puede deliberadamente escribir como uno quiera. Sé que es un asunto muy delicado, pero él me tiró de la lengua… J 

Marcos Cadenato  

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