Hoy ocupa el lugar de Te cedo la palabra, la voz, la palabra y el misterio de nuestra amiga y compañera Niée Hadar. Como si de un auténtico relato se tratara y gracias a los mágicos hilos de la red, se han tejido unos lazos de amistad y admiración entre todos nosotros. Los microrrelatos han unido a Tres Tizas y a Stat Rosa Pristina y tenemos hoy la suerte de poder disfrutar tres relatos de esta profesora de Castellano y Filosofía, Doctora en Educación, docencia e investigación en la Universidad Católica del Norte de Chile. ¡Todo un lujo, todo un misterio…! Muchas gracias, profesora; muchas gracias, Niée!

El corazón de Percy
Cuando niño, buscaba yo fantasmas
en calladas estancias, cuevas, ruinas
y bosques estrellados…
(Percy Shelley)
A Mary Shelley la tristeza le sentaba bien, le volvía más pálidas las mejillas y los labios más rojos. Ergo, su sombra abatida por el viento era un intenso retrato de belleza oscura, elegíaca, recorriendo obsesivamente la playa.
Cuando tres días después el mar le devolvió el cuerpo lívido e hinchado de Percy, ella tomó su mano con devoción para besarla, pero ésta se deshizo entre las suyas como si fuera de arena.
Qué implacable era la muerte con el joven baronet de Sussex; amigo inspirado de Lord Byron y escurridizo amor infiel de Mary; qué cruel con su belleza e inteligencia, y cómo hubiese deseado ella que en tributo a vivir con el alma exacerbada, al menos los poetas fueran inmunes a la miseria de la muerte.
Sin embargo, la podredumbre urgía una rápida cremación, y fue en una playa de la Toscana que antes de inflamar en la pira el cadáver de su marido, ella pidió a sus amigos bardos que extrajeran del cuerpo el corazón amado, para conservarlo en formalina y dejarlo sobre su escritorio.
Fue un impulso, un deseo superior.
Y tenía sentido… ella siempre ambicionó con locura ser la única dueña del corazón de Percy.
Asunto de Estado
Juana, la heredera de los reinos de Castilla y Aragón, quizás no tenía los ojos verdes, pero sin duda los celos sí, y no toleraba la idea de que Don Felipe gozara la belleza de otra mujer; con todo, su marido era un hombre apañado, y sus devaneos sólo terminarían al morir.
De ahí en más, Juana dirigió personalmente el traslado del cuerpo desde Burgos a Granada en una larga procesión que avanzaba sólo de noche, alumbrada por miles de cirios y antorchas.

Ajena a las veleidades de la política, que volaron como cuervos sobre ella durante esos ocho meses, no hizo otra cosa que seguir el féretro, deteniendo a diario el avance para pedir que lo abrieran y comprobar que el archiduque seguía allí.
En vista que el duelo duraba demasiado, y tomaba un sesgo extravagante, el Cardenal Cisneros aconsejó tomar medidas precautorias, y en enero de 1509 Juana fue encerrada para siempre en Tordesillas.
Era un asunto de estado: Ella no gobernaría, porque no gobernaba sus deseos.
Y la reina destronada siguió vigilando al más bello,
siempre con la rosa de los vientos orientada
hacia sus ojos muertos.
Stravaganza
Londres, enero 21 de 1824
¿Por qué repites a los cuatro vientos que estoy loco, que soy malo y peligroso de conocer?

Ya que es preciso ser indulgente con la propia falta de virtud, yo te diría, mi pequeño cordero, que sólo soy extravagante, incluso agregaría que lo soy en la justa medida para no morir de tedio en un mundo vulgar, lleno de hombres y mujeres predecibles y en ningún caso heroicos.
¿Irías conmigo a Missolonghi, mi mariposa seca? Probablemente encuentres allí algo de lo que buscas, tal vez la muerte aguardando en la marisma y, quién sabe, hasta es posible que puedas salvar tu belleza a tiempo de la decadencia.
Piénsalo, mientras te esfuerzas en arruinar mi dudosa reputación y la deseada prepara, para gente mala, loca y peligrosa como nosotros, su estandarte negro.
(Carta imaginaria de Lord Byron a su amante Lady Caroline Lamb, tres meses antes de morir en Grecia)
Niée Hadar
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