Llevo varias semanas interesando en leer post y artículos de revistas que revisan la función (metodología, proyectos…) de la Escuela en la sociedad actual. Así he descubierto cómo se trabaja la nueva masculinidad en algún centro en donde se separa alguna hora a los niños de las niñas para que cada uno se exprese más libremente, sin imitar roles. Igualmente he leído sobre actividades académicas de centros en los que se incorporan los videojuegos preferidos de los alumnos.
Ya en un post anterior me quejaba de la metodología que se usaba en nuestra época —y que algunos todavía siguen utilizando— y que es la causa, en mi opinión, de que muchos profesionales actuales tengamos problemas para afrontar los retos de la nueva Época.
Esto me lleva a insistir una vez más en que es urgente revisar a fondo la educación académica actual para no caer en los mismos errores. Debe ganarse el interés de los alumnos y alumnas permitiendo acceder a los objetivos generales de la etapa y la asignatura desde itinerarios, ritmos, intereses y motivaciones diversas. Puesto que la escuela, además de alfabetizarles, debe mimar su creatividad, su socialización, su desarrollo académico y emocional, partiendo siempre de la realidad personal del alumno.
Un ejemplo, que desde mi punto de vista clarifica todas estas reflexiones, es el vídeo (58 “) que mostré a mis alumnos de 2º tras verles “académicamente” empeñados en separar sílabas en un ejercicio de tildes. Estaban atascados debido al peso de la tradición escolar que les exige un alto grado de abstracción y memorización: “Aviador tiene cuatro sílabas pues hay hiato porque la cerrada…” Pierna es esdrújula pues son tres sílabas porque es hiato con una vocal abierta…”. Fue un desastre. El ejercicio, que debieran haber solucionado de manera intuitiva al principio, para acudir, después, a la sencilla teoría de las normas de acentuación, se convirtió en una fuente de confusión ( ergo de impotencia y frustración).
Mi hija June (5 años) no sabe ni leer ni escribir. Fue una grabación a “botepronto” sin trampa ni repetición. La Escuela a veces olvida que, ante todo, los alumnos son hablantes con años de experiencia.
(Si hubiera grabado la cara de mis alumnos, nadie dudaría de la validez de este sencillo recurso, ni del potencial educativo del uso de la imagen de mi hija mayor.)
Patxo Landa



















