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Llevo quince años yendo al mismo peluquero; como profesional es un desastre pero, mientras perpetra su corte de pelo, el tipo se interesa por mi úlcera de estómago; eso le absuelve.
Llevo diez años con el mismo mecánico; como profesional es lamentable pero, mientras me cobra las bujías que no me ha cambiado, el hombre me regala un ambientador con aroma de lavanda; eso le indulta.
Mi mujer lleva ya tres meses con la misma aventura; como amante, según ella, el tipo es un fraude pero, cuando abandona nuestro dormitorio, olvida siempre sobre la mesilla una cajetilla de Chesterfield; eso le salva.
En fin.
Aster Navas.


























